5 de marzo de 2024

Qué queda del zapatismo 30 años después del levantamiento armado del EZLN en México (y qué fue del subcomandante Marcos)

El día que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) entró en San Cristóbal de las Casas, Rosa Elvira salió con su uniforme de enfermera hacia el hospital como todos los días.

Era 1 de enero de 1994, las radios locales decían que unos 900 campesinos armados habían tomado esta ciudad del sur de México. Exigían la renuncia del presidente Carlos Salinas de Gortari, al que llamaban «dictador».

La emisora Xeoch repetía un mensaje grabado en tzeltal por los zapatistas en el que pedían «pan, salud, educación y autonomía» para los indígenas.

Rosa Elvira recuerda que aquel día no pudo salir de San Cristóbal. Dejó su casa, pero solo avanzó unos metros.

Los helicópteros del ejército sobrevolaban la plaza.

El Palacio Municipal había sido tomado por indígenas armados que andaban con la mitad del rostro cubierto con «paliacates» rojos y pasamontañas negros.

Los archivos públicos que no habían sido quemados volaban por las galerías de la sede del poder político.

Los medicamentos habían desaparecido de las farmacias saqueadas por los zapatistas.

Ese fue el primer día que Rosa Elvira escuchó hablar del EZLN.

Treinta años después, las paredes del antiguo Palacio Municipal devenido en museo lucen pintadas de un pulcro amarillo pastel.

En el gablete de la fachada, en lugar de alguna bala perdida, unas luces blancas y doradas dicen «Feliz Navidad».

En el Parque Central, no quedan registros de aquellos días.

No se escuchan los helicópteros, sino el sonido de una marimba. Las bailarinas agitan sus polleras y dan zapatazos al ritmo de «Monterrey de mis amores», de la región de Nueva León.

Gabriela, vestida con una falda chiapaneca bordada con flores de mil colores, se pierde en la explicación sobre las «polleras peludas», que sirven para identificar a las mujeres más adineradas de San Juan Chamula.

Interrumpe su relato solo para espiar la caravana navideña que marcha por la calle Diego de Mazariegos al ritmo de las trompetas y sirve de imán para los más chicos en una ciudad repleta de niños.

Tal vez solo unos pocos de todos ellos recuerden lo que pasaba en esa misma plaza hace tres décadas.

BBC Mundo visitó el lugar para ver qué queda del zapatismo en el sur de México, pero antes, volvamos a esos días.

Las horas del levantamiento
La guerrilla se había preparado por más de diez años para el levantamiento. Pero los «coletos» -como llaman a los habitantes de San Cristóbal- se enteraron ese día.

Había algunos indicios de lo que pasaría. Aunque solo tenían acceso aquellos que recorrían en silencio las rutas en forma de espiral de los Altos de Chiapas o la fragosidad de la Selva Lacandona.

El periodista Gaspar Morquecho del periódico local El Tiempo, el primer medio en dar a conocer la insurrección armada, fue uno de ellos.

Mientras visitaba la localidad de Adolfo López Mateos, un pequeño pueblo rural de menos de 500 habitantes a 2.100 metros de altura y a una hora de distancia de San Cristóbal, el reportero registró el adelanto de lo que pasaría.

«Se viene la guerra, Don Gaspar», le dijo una mujer indígena al periodista.

Morquecho pensó que entonces sí, que el rumor de una insurrección armada que pocos creían posible en plena década de 1990, finalmente podía suceder.

A las pocas horas del levantamiento, empezó a llegar más información a la antigua capital del estado.

Además de San Cristóbal, las ciudades chiapanecas de Ocosingo, Chanal, Altamirano, Las Margaritas habían amanecido tomadas por el EZLN. Más adelante se sumarían Oxchuc, Huixtan, Simojovel, entre otras.

Con información: BBC News

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