21 de junio de 2024

La selección mexicana se salva de otro ridículo ante Honduras

Noche de pánico para el fútbol mexicano. La selección mexicana necesita un poco de apuro para funcionar, para jugar en un nivel decente. El equipo parece que necesita de un verdadero desafío para que sus futbolistas se comprometan al 100. Cuando juega contra las potencias saca sus mejores dribles, pero contra los rivales de su zona bajan la intensidad. Y ahí cometen sus pecados. Para asistir a la Copa América del siguiente año, ahora los organizadores pidieron que los invitados de la Concacaf jugasen una eliminatoria previa. Los mexicanos veían en Honduras un rival accesible para afianzar su boleto en dos partidos. En la ida sufrieron tremendo revés (2-0), además de perder por lesión a su líder Guillermo Ochoa. La vuelta, en el estadio Azteca, era otro de esos juegos incómodos. Tras 120 minutos de zozobra, México apenas si pudo darle la vuelta al resultado en los penaltis (2-2 en el global, 4-2 en los tiros).

El equipo mexicano no encontró la puntería hasta el minuto 43 en un tiro libre bien acertado por Luis Chávez. El balón cruzó la línea por una esquina. Eso abría el frasco de la tranquilidad para los dirigidos por Jaime Lozano, el entrenador que renovó la felicidad por la selección tras ganar la Copa Oro el verano pasado. Parecía que los goles para remontar el resultado caerían con facilidad. Pero eso solo fue una ilusión.

México, con el reloj en contra, fallaba y fallaba opciones a gol. Julián Quiñones, un colombiano que se enamoró del país y decidió cambiar de pasaporte, tuvo la opción más clara para los de Lozano al quedar de frente a la portería. Su tiro, que intentaba ir a la esquina, terminó en la valla publicitaria. Del lado hondureño, Antony Lozano tuvo el mejor remate de cabeza pero fue rechazado por el guante del mexicano Luis Malagón y más atrás en el cronómetro Luis Palma erró en un remate frente al portero y solo le remató al viento.

La recta final del partido fue un suplicio para los mexicanos que no podían romper el muro del portero Edrick Menjívar, muy vivo para atajar en el momento clave y para ganarle al tiempo. Supo jugar con la presión mexicana y soportó el grito de “puto” en las tribunas, el mayor termómetro para detectar el estado de humor de los aficionados mexicanos.

En el tiempo agregado, Edson Álvarez anotó en la agonía en una jugada que parecía más un pinball y que, por fortuna, le quedó al centrocampista del West Ham para hacer el gol en el minuto 99. Eso mandó todo a tiempos extra, alegría para los locales que aguantaban la lluvia. Los hondureños, en medio de la euforia, pedían una falta en el área aunque el árbitro procedió a ignorarles. En el tiempo extra, poco pasó en ambas porterías, solo se mantenía la falla grave de puntería de los atacantes mexicanos. Honduras se quedó con 10 jugadores tras la expulsión de Maldonado y dejaba con más ventaja a sus rivales, aunque sin oportunidad. México tenía las mayores oportunidades y las desperdiciaban sus jugadores por los costados. Nada de peligro generado por Quiñones, Hirving Lozano o Santi Giménez, goleador del Feyenoord.

En los penaltis, última esperanza hondureña, la plantilla se desinfló ante un México con mejor fortuna. El partido, tan caótico como desesperante, se podía resumir en los tres tiros que tuvo que hacer el mexicano César Huerta frente a Menjívar: falló dos veces porque el guardameta se adelantó. Al final los locales se quedaron con la victoria. Poco para celebrar en el césped del Azteca, pero a los jugadores solo les importaba sacar el coraje de un partido en el barro. El juego vuelve a abrir las heridas de una Federación Mexicana de Fútbol que sigue sin superar la crisis

Con información de: El País

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