El primer ministro de Canadá, Mark Carney, respaldó ante el Parlamento Europeo una cooperación más profunda con la Unión Europea y aceptó explorar una figura inédita de “miembro asociado”, propuesta un día antes por Ursula von der Leyen.
El acercamiento abrió un nuevo frente en la relación transatlántica. Donald Trump amenazó con aplicar aranceles elevados o reducir el comercio con Europa si considera hostil la alianza, mientras Ottawa y Bruselas sostienen que el proyecto busca fortalecer su autonomía sin dirigirse contra otro país.
Carney defiende una asociación más profunda
Durante su intervención en Estrasburgo, Carney afirmó que Canadá y Europa son fuertes por separado, pero más fuertes juntos. Aclaró que no propone crear un tercer bloque destinado a competir por poder global, sino una relación capaz de proteger mercados abiertos, soberanía, integridad territorial y libertades.
La propuesta todavía no tiene una definición jurídica. La categoría de miembro asociado no aparece en los reglamentos actuales de la Unión Europea y deberá ser delimitada por las partes. El tema quedará en la agenda de la cumbre entre Canadá y la UE programada para el 29 y 30 de octubre en Montreal.
Comercio, defensa y tecnología encabezan la agenda
Carney enumeró los sectores donde busca ampliar la cooperación: minerales críticos, capacidad industrial de defensa, inteligencia artificial, informática, seguridad energética, espacio y sistemas de pago. También planteó facilitar el comercio digital de bienes no agrícolas y servicios, además de construir conexiones de banda ancha más seguras entre Europa y Asia.
El programa incluye una dimensión social. El primer ministro mencionó vínculos que permitan a jóvenes vivir, trabajar y estudiar a ambos lados del Atlántico. La asociación pretende reducir vulnerabilidades en cadenas de suministro y limitar el uso de aranceles o mecanismos financieros como instrumentos de presión.
Trump amenaza con nuevos aranceles
El presidente estadounidense calificó de ridícula la idea de integrar a Canadá como asociado y dijo que podría imponer tarifas severas o cortar partes del comercio con Europa si interpreta el acuerdo como un acto hostil. No precisó qué medidas de Ottawa y Bruselas entrarían en esa categoría.
Canadá envía alrededor del 70 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, una dependencia que explica la búsqueda de otros socios. Ottawa respondió con aranceles equivalentes a medidas estadounidenses y rechazó demandas que considera dañinas para su soberanía. La Unión Europea siguió una ruta distinta y aceptó un acuerdo con tarifas de hasta 15 por ciento para la mayoría de sus exportaciones al mercado estadounidense.
Carney afirmó que nadie decidirá con quién puede cerrar acuerdos Canadá. Al mismo tiempo, sostuvo que un país más fuerte y resistente sería un socio más eficaz de Estados Unidos, con lo que presentó la cooperación europea como una ampliación de opciones y no como una ruptura continental.
Los 27 aún deben fijar una posición
La Comisión Europea indicó que el fortalecimiento de la relación no apunta contra terceros. Sin embargo, la idea despertó dudas entre diplomáticos porque no ha sido debatida formalmente por los Estados miembros y porque su alcance institucional permanece abierto.
Von der Leyen incluyó a Canadá en una “Alianza para el Futuro”, pero cualquier mecanismo estable deberá pasar por las discusiones internas del bloque. La cumbre de Montreal será el primer espacio para convertir la propuesta política en términos concretos, mientras continúan las tensiones comerciales con Washington.
El debate quedó así dividido entre una agenda detallada de cooperación y una figura institucional aún inexistente. Canadá acogió la invitación; la Comisión la impulsa; los gobiernos europeos deberán determinar hasta dónde llega y qué obligaciones implicaría para ambas partes.
Fuentes: France 24, Reuters





