14 de agosto de 2026

Sargazo en descomposición eleva riesgos de salud en el Caribe Mexicano

Un estudio de la UNAM advierte exposición a sulfuro de hidrógeno entre quienes retiran macroalga en playas de Quintana Roo.
Sargazo acumulado en una playa del Caribe Mexicano

La acumulación y descomposición de sargazo en el Caribe Mexicano representa un riesgo de salud para quienes lo recogen en playas de Quintana Roo, debido a la liberación de sulfuro de hidrógeno, advierte una investigación de la UNAM difundida este 14 de agosto.

El fenómeno suele asociarse con la imagen de playas cubiertas por la macroalga y con sus efectos en el turismo, pero la exposición laboral merece atención propia. Cuando el sargazo permanece en la orilla y se degrada, puede producir un gas de olor intenso que afecta principalmente a las personas encargadas de retirarlo.

La nota publicada por Excélsior retoma el trabajo de especialistas de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM. El estudio colocó sensores portátiles a trabajadores de Puerto Morelos, Playa del Carmen y Mahahual para medir las condiciones durante sus jornadas.

El sulfuro de hidrógeno aparece durante la descomposición

El sulfuro de hidrógeno, también llamado ácido sulfhídrico, se identifica por un olor similar al del huevo podrido. La fuente explica que el gas se libera cuando grandes cantidades de sargazo se acumulan y comienzan a descomponerse. No es solo una molestia ambiental: en concentraciones altas puede afectar las vías respiratorias y el sistema nervioso central.

La Norma Oficial Mexicana NOM-010-STPS-2014 fija parámetros de exposición a sustancias químicas en centros de trabajo. La investigadora Rosa Rodríguez Martínez explicó que el límite para una jornada de ocho horas es de una parte por millón. El estudio referido encontró picos que superaron hasta 50 veces ese máximo permisible en las personas monitoreadas.

Los recolectores concentran la mayor exposición

Quienes retiran la macroalga pasan horas en contacto con material húmedo, en descomposición y expuesto al sol. Según el reporte, hay trabajadores temporales que laboran sin respiradores con filtro, lentes sellados, guantes o ropa impermeable. Esa falta de protección agrava una tarea que resulta indispensable para la actividad turística y la vida cotidiana de las comunidades costeras.

La investigación registró molestias como comezón y ardor en la piel, dolores de cabeza, dermatitis, fatiga, irritación ocular, náuseas, mareos y congestión nasal. Los síntomas no deben interpretarse como diagnósticos individuales, pero sí como una señal de que la prevención ocupacional requiere medidas específicas y seguimiento médico oportuno.

Monitorear playas también es proteger a quienes trabajan en ellas

El nuevo programa de sensores en playa busca conocer el impacto del gas en otras personas que permanecen cerca de las zonas afectadas. Contar con mediciones continuas permite identificar los momentos de mayor riesgo y ajustar horarios, equipos de protección y protocolos de recolección.

La respuesta no puede limitarse a retirar el sargazo una vez que llega a la arena. Hace falta coordinar monitoreo ambiental, capacitación, equipo adecuado y comunicación clara para trabajadores, visitantes y prestadores de servicios. Las autoridades laborales y de salud tienen un papel central para que las recomendaciones técnicas se conviertan en prácticas verificables.

Un problema ambiental con consecuencias laborales

El sargazo modifica la imagen de las playas y presiona la economía local, pero su dimensión humana se concentra en quienes hacen posible la limpieza diaria. Reconocerlos como población expuesta ayuda a orientar recursos donde son más necesarios.

La evidencia presentada por la UNAM pone una prioridad sobre la mesa: atender el arribo de macroalga debe incluir protección laboral, vigilancia de la calidad del aire y prevención sanitaria. Esa combinación puede reducir riesgos sin perder de vista que el fenómeno seguirá exigiendo respuestas sostenidas en el Caribe Mexicano.

Fuentes: Excélsior, UNAM y estudio publicado en Harmful Algae.

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