El físico belga Francis Halzen obtuvo el Premio Nobel de Física 2026 por convertir el hielo profundo de la Antártida en un observatorio capaz de detectar neutrinos de origen cósmico. La Real Academia Sueca de Ciencias reconoció sus contribuciones decisivas al experimento IceCube y al descubrimiento de partículas de muy alta energía procedentes de fuera del sistema solar.
El galardón distingue una trayectoria dedicada a perseguir partículas casi invisibles. Los neutrinos atraviesan la materia con enorme facilidad y rara vez dejan una señal, pero esa misma propiedad les permite viajar desde regiones violentas del universo sin desviarse por campos magnéticos. Su detección ofrece una vía distinta de la luz para estudiar fenómenos como explosiones estelares, agujeros negros y aceleradores naturales de partículas.
Un kilómetro cúbico de hielo como detector
IceCube ocupa alrededor de un kilómetro cúbico bajo el Polo Sur. Más de cinco mil sensores fueron instalados en el hielo, a profundidades cercanas a dos kilómetros, para registrar destellos diminutos. Esas emisiones aparecen cuando un neutrino interactúa de manera excepcional con la materia y produce una partícula cargada, como un muón, que recorre el hielo a gran velocidad.
El resplandor azulado generado en ese trayecto, conocido como radiación de Cherenkov, permite reconstruir la dirección y la energía del visitante cósmico. El hielo antártico funciona al mismo tiempo como blanco, filtro y medio transparente, una solución que hizo posible observar un volumen imposible de construir mediante un detector convencional.
La señal que confirmó una nueva astronomía
El momento decisivo llegó en 2013, cuando el equipo informó la detección de 28 neutrinos cósmicos de alta energía. La señal mostró que el instrumento podía distinguir partículas nacidas más allá de la atmósfera terrestre y abrió una nueva etapa para la astronomía. En lugar de depender únicamente de telescopios que captan luz, radioondas, rayos X o rayos gamma, los científicos obtuvieron mensajeros capaces de salir de entornos densos y extremos.
La relevancia del hallazgo está en la información que conservan esas partículas durante su viaje. Al no tener carga eléctrica, siguen trayectorias rectas desde su origen. Esto permite rastrear regiones donde se producen procesos energéticos y contrastar sus señales con observaciones electromagnéticas y ondas gravitacionales. La combinación de varios mensajeros permite reconstruir acontecimientos que ningún instrumento podría explicar por sí solo.
De una idea de 1988 a una obra internacional
Halzen propuso en 1988, junto con el físico Enrique Zas, emplear grandes masas naturales de agua o hielo para identificar neutrinos. La construcción de IceCube comenzó en 2004 y concluyó en 2010. El proyecto utilizó cerca de mil millones de toneladas de hielo, requirió una inversión aproximada de 279 millones de dólares y reunió instituciones de 14 países.
El desarrollo exigió perforar la superficie antártica, colocar cadenas de sensores y asegurar que funcionaran durante años en condiciones extremas. El resultado fue una infraestructura científica estable, con capacidad para acumular datos de manera continua. La perseverancia necesaria para pasar del concepto al hallazgo explica por qué el premio reconoce tanto la visión física como la realización experimental.
IceCube prepara una segunda generación
El observatorio cuenta con financiamiento para operar hasta 2031 y la comunidad científica trabaja en una ampliación. El diseño de segunda generación contempla un volumen aproximadamente ocho veces mayor, lo que incrementaría la posibilidad de detectar eventos escasos y localizar con mayor precisión sus fuentes. Esa expansión también permitiría estudiar energías todavía más altas.
El premio incluye 11 millones de coronas suecas, equivalentes a cerca de un millón de euros. Halzen, de 82 años, recibe el reconocimiento después de décadas de trabajo en una disciplina que pasó de buscar unas cuantas señales a construir mapas del cielo con neutrinos. IceCube ya no es solo una demostración técnica: es una ventana operativa hacia el universo más energético y una base para las próximas preguntas sobre rayos cósmicos, materia oscura y los motores que aceleran partículas en el espacio.
Fuentes: BBC News Mundo, EL PAÍS








