1 de marzo de 2024

Consecuencias climáticas ponen en evidencia falta de acción gubernamental después de las COP

Como cada año, los gobiernos del mundo se comprometen a implementar nuevas medidas en favor de la lucha contra el cambio climático; sin embargo, los hechos dicen lo contrario.

A pesar de que desde 1994 la comunidad internacional se reúne en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP), el uso de combustibles fósiles, la producción de petróleo, carbón y gas se sigue implementando, a la par de que la temperatura va en aumento.

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 98 por ciento de probabilidades de que, al menos en la próxima media década, uno de esos años sea el más cálido jamás registrado, lo cual demuestra la escasa acción llevada hasta ahora por parte de los líderes mundiales.

Otra prueba de ello es que en julio pasado la NASA registró que ese mes fue el más caluroso jamás registrado con 1.1° C más que cualquier otro julio promedio.

“El récord de julio fue una tendencia a largo plazo de calentamiento global causado por las actividades humanas e impulsado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero que se han hecho evidentes en las últimas cuatro décadas”, detalló la agencia espacial.

Con la falta de acciones a nivel mundial, la ONU detalla que el cambio climático hará que se sigan reportando tormentas, elevación de temperaturas, sequías, desaparición de especies, escasez de alimentos, aumento del nivel del océano, más riesgos para la salud y hasta pobreza y desplazamiento.

En octubre de este año, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) informó que los desastres relacionados con el clima han arrancado de sus casas a 43.1 millones de niños de 44 países durante un periodo de seis años.

Si la comunidad internacional sigue sin actuar, el número de migrantes irá en aumento, lo que sumará un reto más a los gobiernos que ya se enfrentan con desafíos como la violencia, la crisis económica y la previsión de futuras pandemias.

A nivel nacional, el doctor Francisco Estrada Porrúa, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señala que las consecuencias del cambio climático podrían ser económicamente tangibles debido a que las pérdidas económicas equivaldrían al 85 por ciento del PIB actual a lo largo de este siglo.

“Estamos muy lejos de cumplir como planeta los objetivos que nos planteamos en los acuerdos de París. Si bien muchos países han hecho apuestas muy ambiciosas, incluso ellos no han sido lo suficientemente ambiciosos para no rebasar los 2° C”, dice.

Como ha ocurrido desde hace 29 años, en el marco de la COP28 las promesas en favor de la lucha contra el cambio climático de los representantes mundiales siguen vigentes.

Mientras que por parte de Estados Unidos la vicepresidenta Kamala Harris aseguró que su Estado brindará tres mil millones de dólares para el Fondo Verde para el Clima y que de manera individual autorizó un billón de dólares para enfrentar el tema a nivel interno, China prometió promover el establecimiento de un sistema de gobernanza climático “justo, razonable, cooperativo y beneficioso para todos”.

La India, por su parte, garantizó a través del primer ministro Narendra Modi dejar libre el espacio del carbono antes de 2050, lo cual lleva impulsando desde 2021.

A pesar de esas propuestas emitidas por las tres potencias mundiales, el Global Carbon Atlas publicó que en 2022 fueron los países que más emisiones de combustibles fósiles arrojaron.

De acuerdo con la plataforma internacional, mientras que China fue la nación que más emisiones registró, la Unión Americana estuvo en segundo lugar, la India en tercero, Rusia en cuarto y Japón en quinta posición.

El Índice de Desempeño en Cambio Climático también ubicó a Estados Unidos, China y Japón entre los países con las peores políticas ecológicas en 2022, posicionándolos en los lugares 52, 51 y 50, respectivamente, de los 63 Estados analizados.

En entrevista, Gabriela Jiménez, bióloga del Instituto de Ecología de la UNAM, asegura que aunque la comunidad internacional no ha perdido en su totalidad la lucha en favor del medio ambiente, hay muchas evidencias que demuestran que no se está haciendo lo suficiente.

“Podemos darle el beneficio de la duda a las potencias mundiales por la gran cantidad de población que poseen, lo cual hace más difícil controlar la lucha contra el cambio climático, pero desafortunadamente el gran problema es el uso de la energía fósil, de los hidrocarburos. Si no cambiamos eso, va a ser aún más complicado mejorar”, puntualiza.

Desde su perspectiva, es el lugar que posee la lucha contra el cambio climático dentro de ciertos gobiernos lo que hace que la situación no se favorezca, pues en primer lugar ponen a la economía y a la política.

“A quienes nos interesamos para detener el cambio climático nos la ponen muy difícil porque no somos políticos ni tenemos el dinero suficiente para generar cambios, y creo que por eso en la COP28 se la está viendo negras”, dice Jiménez.

Para ella, todavía se está a tiempo de lograr un cambio siempre y cuando no haya más personas que valoran más los hidrocarburos que la lucha climática.

“Sin duda hay países y figuras que están haciendo su esfuerzos para cumplir con las bases, simplemente necesitamos que todos estemos igualmente comprometidos”, destaca.

A menos de una semana de que se dé por terminada la COP28 en Emiratos Árabes Unidos, el presidente del encuentro, el sultán Ahmed Al Jaber, generó revuelo por poner en duda el impacto de los combustibles fósiles.

Fue en una de las pláticas de la COP que el sultán dijo que “no había ciencia” que respaldara la eliminación de los combustibles fósiles para evitar el aumento de las temperaturas.

Además de presidir la conferencia de las Naciones Unidas, Al Jaber es el director ejecutivo de la petrolera Adnoc, lo cual explica su postura ante la comunidad internacional.

“Es una paradoja, porque se trata de un ejecutivo de la industria petrolera que, por ende, puede llegar a tener una perspectiva sobre el cambio climático bastante limitada al representar a la contraparte.

“Entonces, como presidente de la cumbre, es un hecho que si declaro que no hay nada que hacer, estoy actuando en contrasentido y de manera incongruente”, dice Óscar Abad, internacionalista de la UNAM y maestro en Diplomacia de la Escuela Diplomática de España.

A pesar de lo dicho por el sultán, Abad remarca que no fue un error elegirlo como presidente de un encuentro como la COP, pues se le puede invitar, junto al resto de la industria de la explotación de petróleo, a verificar los beneficios que traen consigo las nuevas energías.

“No fue un error. Lo que observo es una carencia de sensibilidad diplomática (por parte del sultán) (…) Creo que está bien que incluyan a sectores del otro lado de la moneda porque no se trata de luchar contra ellos, sino que sumen esfuerzos para que las energías se vayan conduciendo a energías renovables”, dice el también egresado del Instituto de Estudios Políticos Science-Po en Francia.

Con el fin de que no se repita una paradoja como la protagonizada por Al Jaber, el maestro añade que sería conveniente que existiera una formación para estos líderes a través de diversos cursos de capacitación diplomática.

A diferencia de lo que provocaron las declaraciones del sultán en Occidente, en la sede de la COP28 la alarma no se encendió al ser Emiratos Árabes Unidos uno de los principales países productores de petróleo a nivel mundial.

Con información de: Reporte Indigo

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