Tuxtla Gutiérrez inició la elaboración de su Atlas de Peligros y Riesgos 2026, una actualización integral que incorporará estudios sobre el río Sabinal y sus 33 principales afluentes, además de amenazas vinculadas con instalaciones que manejan combustibles y materiales peligrosos.
Los trabajos comenzaron después de 13 años sin una revisión formal completa del instrumento municipal. El atlas vigente fue elaborado en 2013 y recibió una modificación de parámetros en 2015, pero aquel ajuste no tuvo el alcance de una actualización integral, explicó Romeo Palacios Suárez, presidente nacional 2026-2027 de la Asociación Nacional de Profesionales en Resiliencia.
La nueva evaluación tomará como referencia las condiciones actuales de urbanización de la capital chiapaneca. El objetivo técnico será medir riesgos naturales y aquellos derivados de actividades humanas, localizar zonas vulnerables y calcular daños potenciales con información actualizada.
El Sabinal y 33 afluentes entran al estudio hidrológico
El componente hidrológico incluirá el cauce del río Sabinal y sus 33 principales afluentes. Los especialistas calcularán los escurrimientos máximos que pueden registrarse bajo la configuración urbana actual, un dato necesario para identificar la forma en que el agua se desplaza por la ciudad durante episodios de lluvia.
Con esos resultados se elaborarán mapas de las zonas susceptibles a inundaciones. Los documentos también representarán las alturas que el agua puede alcanzar en distintos escenarios de riesgo. La cartografía no se limitará a señalar puntos de anegamiento, sino que incorporará niveles estimados para diferenciar la exposición entre sectores de Tuxtla Gutiérrez.
La incorporación de los afluentes amplía el campo de análisis alrededor del Sabinal. Cada corriente será considerada dentro del cálculo de escurrimientos, de modo que el atlas reúna información del sistema hidrológico que atraviesa el área urbana y no únicamente del cauce principal.
Gasolineras y depósitos de gas tendrán evaluación propia
El documento revisará los riesgos asociados con gasolineras, estaciones de carburación y plantas dedicadas al almacenamiento y distribución de gas LP. También abarcará instalaciones donde se utilicen o resguarden otros materiales peligrosos.
Entre las sustancias incluidas en la evaluación figura el gas cloro empleado en plantas potabilizadoras. Este apartado permitirá ubicar instalaciones específicas dentro de los mapas de peligro y sumar amenazas de origen humano al análisis de fenómenos naturales.
La actualización combinará ambos tipos de riesgo en un mismo instrumento. Esa integración permitirá calcular cuantitativamente las posibles pérdidas y los daños relacionados con inundaciones, instalaciones de combustibles o manejo de sustancias peligrosas, de acuerdo con las características de cada área estudiada.
Cinco categorías medirán la vulnerabilidad de edificios
Las viviendas y los edificios serán clasificados en cinco categorías. El rango comenzará con construcciones hechas de madera, lámina, cartón u otros materiales reciclados y llegará hasta residencias de dos o más niveles. La clasificación servirá para establecer diferencias de vulnerabilidad física entre los inmuebles de la ciudad.
El tipo de material, la configuración de la edificación y sus niveles formarán parte del registro. La vulnerabilidad no será tratada como una condición uniforme: el estudio distinguirá entre construcciones con características diferentes para estimar de manera más precisa los daños que podría provocar cada amenaza.
El inventario de inmuebles se relacionará con la ubicación de los peligros identificados. Así, las zonas expuestas a inundaciones o cercanas a instalaciones con materiales peligrosos podrán analizarse junto con las condiciones físicas de casas y edificios asentados en esos sectores.
Los mapas ubicarán a población con mayor vulnerabilidad
Otro conjunto de mapas se concentrará en grupos con mayor vulnerabilidad demográfica. El estudio localizará a personas adultas mayores, mujeres embarazadas, niñas, niños, personas con discapacidad y habitantes que no sepan leer ni escribir.
La dimensión demográfica se incorporará al cálculo de daños y pérdidas junto con la información hidrológica, industrial y constructiva. La ubicación de estos grupos permitirá reconocer dónde coinciden una amenaza determinada, edificaciones vulnerables y población que requiere condiciones específicas de atención.
Los resultados del Atlas de Peligros y Riesgos de Tuxtla Gutiérrez 2026 se utilizarán para priorizar obras y acciones mediante análisis de riesgos, costos y beneficios. El proceso sustituirá la base elaborada en 2013 por una lectura que considera la urbanización actual, la red completa de afluentes estudiados, las instalaciones con sustancias peligrosas, las características de los inmuebles y la distribución de la población vulnerable.
Fuentes: El Heraldo de México





