Nueva York recibirá desde este martes 22 de septiembre el debate de alto nivel de la 81 Asamblea General de las Naciones Unidas, una cita que reunirá a 81 jefes de Estado y 50 jefes de Gobierno en medio de guerras activas, tensiones comerciales, emergencias climáticas y un debate creciente sobre el papel de la inteligencia artificial en la seguridad mundial.
La sesión congrega a representantes de los 193 Estados miembros bajo el lema de restaurar la confianza y reactivar la cooperación internacional. La agenda llega marcada por los conflictos en Ucrania, Gaza, Sudán, la República Democrática del Congo y Myanmar, además de las discusiones sobre financiamiento, reforma institucional y capacidad de respuesta frente a crisis que atraviesan fronteras.
Más de cien líderes ocuparán la tribuna
Durante la semana, cerca de 130 mandatarios y jefes de Gobierno pasarán por la sede de la ONU. Entre las intervenciones previstas figuran las del presidente estadounidense Donald Trump y el francés Emmanuel Macron el martes, mientras el mandatario ucraniano Volodymyr Zelensky y el iraní Masoud Pezeshkian aparecen en el programa del miércoles. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu tendrá espacio el jueves.
La participación palestina se producirá en condiciones distintas. Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, intervendrá por videoconferencia después de que Estados Unidos no le concediera visado. Esa decisión añade tensión a una sesión en la que la guerra en Gaza y el reconocimiento internacional de Palestina estarán entre los asuntos más discutidos.
Ucrania y la inteligencia artificial llegan al Consejo
La semana diplomática no se limitará a los discursos de la Asamblea. El Consejo de Seguridad prevé sesiones sobre Ucrania y sobre el impacto de la inteligencia artificial en la paz y la seguridad internacionales. En ambos casos, el reto será traducir las declaraciones políticas en acuerdos entre potencias que mantienen diferencias profundas sobre sanciones, uso de la fuerza, regulación tecnológica y responsabilidad estatal.
La inteligencia artificial ha dejado de ser un asunto exclusivamente técnico. Los gobiernos examinan su uso en sistemas militares, campañas de desinformación, vigilancia y ataques informáticos. La discusión de Nueva York buscará establecer principios comunes, aunque cualquier resultado deberá conciliar la rapidez de la innovación con las posiciones divergentes de Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea.
Putin y Xi estarán entre las grandes ausencias
Vladimir Putin y Xi Jinping no asistirán al encuentro. Rusia estará representada por su canciller, Serguéi Lavrov, y China por el vicepresidente Han Zheng. Tampoco acudirán todos los gobernantes latinoamericanos, por lo que varias delegaciones serán encabezadas por cancilleres u otros altos funcionarios. Las ausencias no eliminan esos países de las negociaciones, pero sí reducen la posibilidad de encuentros directos entre sus máximos dirigentes.
Los pasillos de la sede suelen ser tan relevantes como la tribuna. Reuniones bilaterales, contactos entre bloques regionales y negociaciones reservadas pueden abrir espacios que el pleno no ofrece. El peso político de la semana dependerá de esos acuerdos concretos, especialmente en asuntos donde el Consejo de Seguridad permanece dividido.
Guterres abre su última Asamblea General
Antonio Guterres inaugurará por última vez una Asamblea General como secretario general. Ocupa el cargo desde 2017 y concluirá su mandato al final de 2026; su sucesor asumirá el 1 de enero de 2027. El cierre de su gestión coincide con una organización sometida a presiones financieras y a cuestionamientos sobre la representatividad de sus órganos principales.
La discusión sobre la sucesión ya está en marcha, al igual que los reclamos para ampliar el Consejo de Seguridad y modernizar el sistema multilateral. Guterres ha impulsado medidas para agilizar la estructura administrativa, pero la ONU enfrenta adeudos de sus contribuyentes y recortes que han afectado su capacidad operativa. La semana servirá para medir si los Estados miembros están dispuestos a acompañar las promesas de reforma con recursos y compromisos verificables.
El debate concluirá sin resolver por sí solo las guerras ni las disputas entre potencias. Su importancia estará en definir prioridades, preservar canales de diálogo y fijar posiciones públicas antes de nuevas negociaciones. La prueba será convertir la diplomacia de Nueva York en decisiones aplicables durante los meses siguientes.
Fuentes: Independent en Español, BioBioChile, El Mostrador







