Alberto Espinosa Desigaud asumió la presidencia de ICC México para el periodo 2026-2028 con una agenda enfocada en competitividad, inversión, comercio internacional y condiciones que permitan a las empresas mexicanas ampliar su presencia fuera del país.
El cambio de presidencia ocurre al cierre de seis años de gestión de Claus von Wobeser. La nueva etapa plantea convertir la red internacional del organismo en propuestas concretas para enfrentar obstáculos que frenan el crecimiento y para aprovechar las oportunidades de una economía global más compleja.
Una agenda para competir mejor
Entre las primeras acciones anunciadas está la construcción de una Agenda para la Competitividad Internacional de México. El objetivo es reunir a empresarios, especialistas, académicos y comisiones del organismo para identificar barreras a la inversión y formular alternativas que puedan incorporarse al debate público.
La agenda contempla Estado de Derecho, seguridad, energía, infraestructura, facilitación del comercio, digitalización, sostenibilidad, inteligencia artificial, financiamiento y desarrollo de talento. La competitividad no depende de una sola decisión; requiere que varios factores funcionen al mismo tiempo, desde la certeza jurídica hasta la capacidad de conectar mercancías y formar personal especializado.
El comercio exterior como prioridad
La próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá aparece como uno de los asuntos centrales. La integración de América del Norte es una base relevante para las cadenas de suministro, pero la propuesta también busca mirar hacia otros mercados de Europa, Asia, América Latina y Medio Oriente.
La diversificación puede ayudar a las empresas a reducir la dependencia de un solo destino y encontrar compradores, proveedores o aliados en regiones con demandas distintas. Para conseguirlo se requieren reglas comprensibles, información de mercado, financiamiento y capacidades que permitan competir con calidad y tiempos de entrega confiables.
Confianza para atraer inversión
Espinosa Desigaud señaló que el país necesita crecer, invertir y competir con mayor intensidad. Esa aspiración se vincula con elementos que influyen en las decisiones de negocio: seguridad, energía suficiente, infraestructura, tribunales que funcionen y procesos administrativos claros. Cuando esos componentes son previsibles, es más fácil planear proyectos de largo plazo.
La inversión también depende de la capacidad de las empresas para innovar y de la disponibilidad de talento. Un entorno favorable convierte ideas y capital en empleos, proveedores y nuevas cadenas productivas. Por ello, la discusión empresarial suele incluir tanto grandes obras como capacitación, conectividad digital y acceso al crédito para unidades de distintos tamaños.
Continuidad y nuevos retos
ICC México llega a esta etapa con ocho décadas de historia y una participación activa en debates de comercio e inversión. El periodo anterior enfrentó disrupciones provocadas por la pandemia, dificultades logísticas, conflictos geopolíticos, costos energéticos y un mayor proteccionismo en diversos mercados.
La presidencia que inicia deberá traducir sus prioridades en posicionamientos y proyectos verificables. Para las empresas mexicanas, el desafío consiste en aprovechar la integración regional sin perder de vista otros destinos, elevar estándares y encontrar oportunidades en sectores donde el país pueda sumar valor.
La nueva conducción del organismo abre una conversación sobre las condiciones necesarias para que México crezca con mayor profundidad. El resultado dependerá de la colaboración entre iniciativa privada, academia y autoridades, así como de la capacidad de llevar las propuestas de competitividad a decisiones que fortalezcan la actividad productiva.
Fuentes: MILENIO









