México mantiene una brecha en el uso de pagos digitales frente al promedio de América Latina y el Caribe, pese a que la mayoría de la población tiene acceso a internet, teléfono celular y al menos un producto financiero formal.
Un análisis de México Evalúa señala que 41.4 por ciento de las personas utiliza pagos digitales, por debajo de la media regional de 59 por ciento. El dato contrasta con una conectividad amplia: 86 por ciento de la población accede a internet, 97 por ciento usa celular y 77 por ciento de las personas adultas dispone de algún producto financiero.
La distancia entre acceso tecnológico y uso cotidiano muestra que tener una cuenta o un dispositivo no garantiza que se conviertan en herramientas habituales para comprar, vender o administrar recursos.
El efectivo conserva el centro de las transacciones
El efectivo sigue ocupando un lugar predominante. Ocho de cada diez negocios lo reciben de sus clientes y 85 por ciento de las compras menores a 500 pesos se paga de esa forma. Incluso en adquisiciones de mayor monto, el uso de billetes mantiene una presencia relevante.
La preferencia por el efectivo responde a hábitos, costos y disponibilidad. Cuando los comercios no ofrecen opciones digitales, las personas no las buscan; y cuando los consumidores no las demandan, los negocios tienen menos incentivos para instalarlas. El resultado es un ciclo que limita la adopción.
Costos para pequeños negocios
Para una micro o pequeña empresa, operar exclusivamente con efectivo implica tareas y riesgos adicionales. Trasladar dinero a una sucursal bancaria, mantener cajas fuertes, contratar vigilancia o asegurar valores puede representar gastos que reducen márgenes ya ajustados.
Los pagos digitales no eliminan todos los costos y requieren conexión, equipos y capacitación. Sin embargo, permiten ordenar registros, ampliar opciones de cobro y reducir parte del manejo físico de dinero. La decisión de adoptarlos depende de que las comisiones y los procesos sean comprensibles para negocios de distintos tamaños.
Impacto en hogares y formalidad
En los hogares, guardar efectivo fuera del sistema financiero puede aumentar la vulnerabilidad ante robo, pérdida o inflación. La falta de historial de pagos también puede cerrar puertas a productos financieros que requieren información verificable sobre ingresos y comportamiento de pago.
La digitalización debe ser útil y segura para generar confianza. Una persona no cambia su forma de pagar solo por la existencia de una aplicación: necesita comprobar que el servicio funciona, que sus datos están protegidos y que podrá utilizarlo en los comercios de su entorno.
Un reto de coordinación
El análisis plantea incentivos fiscales, operaciones públicas más eficientes y menores costos para impulsar la adopción. Estas medidas deben acompañarse de educación financiera, conectividad estable y opciones que no excluyan a comunidades con menor acceso a infraestructura.
El desafío para México no es empezar desde cero, sino convertir recursos tecnológicos ya disponibles en soluciones prácticas para personas y empresas. Cerrar la brecha requerirá que bancos, comercios, autoridades y usuarios encuentren incentivos claros para reemplazar parte del uso cotidiano de efectivo por alternativas digitales confiables.
Fuentes: Buzos de la noticia






