Una capilla de la colonia ISSSTE, en Tuxtla Gutiérrez, conmemora 28 años de una devoción vecinal al Señor del Veneno, una representación de Cristo negro cuya tradición se originó en la Ciudad de México y encontró un espacio propio en la capital chiapaneca.
La comunidad comenzó el culto el 15 de enero de 1998 en una ermita pequeña. Con el paso de los años, las aportaciones de habitantes de la colonia permitieron transformar aquella estructura inicial en un templo integrado a la parroquia de la Santísima Trinidad. El recinto se localiza en la calle Palenque, al final de la cuadra y junto a las canchas de basquetbol.
De una ermita vecinal a un templo comunitario
Keny Sánchez Hernández, coordinadora de la capilla, explicó que la primera construcción era una galera sencilla. Hace ocho años, el esfuerzo económico de los vecinos hizo posible levantar el edificio actual, donde se celebra misa cada domingo y se desarrollan actividades religiosas durante la semana.
El crucifijo que preside el recinto no fue trasladado desde la capital del país. La profesora Mercedes Centeno, quien vivió en la colonia y ya falleció, encargó la elaboración de la imagen y la llevó al lugar donde comenzó la ermita. Su iniciativa abrió un proceso comunitario que continuó con la construcción, el mantenimiento y la organización de las celebraciones.
Una placa colocada en la entrada recuerda que el templo fue bendecido por Fabio Martínez Castilla, entonces arzobispo de Tuxtla Gutiérrez. La comunidad celebra cada 12 de octubre el aniversario de esa inauguración, además de mantener la misa dominical como el encuentro regular de los fieles.
La leyenda que explica el color del Cristo
La tradición asociada al Señor del Veneno relata que un sacerdote rezaba por las noches frente a un crucifijo de color natural y, al terminar, besaba sus pies. Un hombre que había confesado un robo y temía que su secreto fuera revelado habría colocado veneno en la imagen para quitarle la vida al religioso.
De acuerdo con la narración transmitida entre los devotos, el Cristo flexionó las rodillas para impedir que los labios del sacerdote tocaran la sustancia. La figura habría absorbido el veneno y cambiado a un tono oscuro, mientras el responsable, sorprendido por lo ocurrido, se arrepintió y se entregó a las autoridades. Los pies recogidos y el color negro se convirtieron desde entonces en los rasgos centrales de esta advocación.
La imagen instalada en Tuxtla reproduce esa postura. Sánchez Hernández señaló que las piernas aparecen ligeramente flexionadas, un detalle que enlaza al crucifijo de la colonia ISSSTE con la tradición religiosa conservada en la capital del país.
Una historia que viajó de la capital a Chiapas
La referencia histórica más conocida ubica la imagen original en el Altar del Perdón de la Catedral Metropolitana. Registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia señalan que llegó a ese recinto en 1928 procedente del antiguo noviciado dominico de Porta Coeli. En el templo de Porta Coeli, situado en la calle Venustiano Carranza, se conserva una réplica vinculada con la misma tradición.
La devoción también tiene una celebración regular en la Catedral Metropolitana, donde una misa de los viernes al mediodía está dedicada al Señor del Veneno. En Tuxtla, la historia fue adoptada por una comunidad que no dependió de trasladar la pieza original, sino que creó su propia representación y sostuvo el espacio con recursos locales.
La colonia sostiene el culto después de 28 años
La permanencia de la capilla está ligada a la participación de los habitantes de la colonia. Las aportaciones permitieron sustituir la primera estructura, construir el templo y conservar un calendario de actividades. La coordinación del recinto mantiene abiertas las celebraciones semanales y recibe a personas interesadas en conocer la imagen.
A 28 años del inicio de la ermita, la capilla funciona como un punto religioso y comunitario de la colonia ISSSTE. La historia del Cristo negro, nacida en el centro del país, adquirió en Tuxtla una expresión local sostenida por vecinos, celebraciones periódicas y la memoria de quienes impulsaron su construcción.
Fuentes: Alerta Chiapas, La Voz del INAH, Gobierno de la Ciudad de México.





