Las mujeres tsotsiles de Simojovel participan en todas las etapas de la cadena del ámbar, desde la revisión del material extraído de las minas hasta la elaboración y venta de joyería, una actividad que sostiene ingresos familiares y preserva conocimientos artesanales en el norte de Chiapas.
Un análisis difundido este miércoles por la investigadora Perla Shiomara del Carpio Ovando documenta esa presencia femenina en un oficio considerado único en México. El trabajo también advierte que las artesanas combinan la producción con labores agrícolas, comercio, tareas domésticas y cuidados familiares que pocas veces son reconocidos como parte de la economía local.
La participación comienza desde la revisión del cascajo
El ámbar es una resina fosilizada procedente de árboles asociados al guapinol y sus depósitos más importantes en México se localizan en Simojovel de Allende. La extracción suele relacionarse con el trabajo masculino dentro de las minas, pero las mujeres intervienen desde que el material sale a la superficie: revisan el cascajo, identifican fragmentos aprovechables y separan piezas con potencial artesanal.
Después participan en el corte, pulido, diseño y armado de collares, aretes, pulseras y otras piezas. También atienden la venta en mercados locales y espacios turísticos. Esa presencia en extracción, transformación y comercialización muestra que su trabajo no es complementario, sino una parte constante del circuito económico generado por la resina.
La elaboración requiere concentración, experiencia y conocimiento de las propiedades de cada fragmento. Color, transparencia, tamaño e inclusiones determinan el uso posible y obligan a trabajar con cuidado para no perder material. El aprendizaje se transmite dentro de las familias y entre mujeres que comparten técnicas, herramientas y canales de venta.
El ingreso artesanal se combina con agricultura y cuidados
La joyería de ámbar no es la única fuente de sustento. Muchas productoras también participan en cultivos de café y maíz, pequeños comercios y otros empleos informales. A esas jornadas se suman la preparación de alimentos, limpieza del hogar y cuidado de niñas, niños, personas mayores o familiares enfermos.
La acumulación de tareas reduce el tiempo disponible para descansar, capacitarse o buscar nuevos mercados. Del Carpio Ovando señala que las condiciones de género, edad, lengua originaria y precariedad laboral colocan a las mujeres en desventaja, especialmente cuando necesitan servicios especializados de salud fuera del municipio.
Simojovel se encuentra a unas tres horas de Tuxtla Gutiérrez. La distancia respecto de hospitales y servicios especializados añade costos de traslado y tiempo a quienes ya distribuyen su jornada entre producción y cuidados. La falta de reconocimiento del trabajo doméstico también oculta una parte del esfuerzo que permite mantener activa la cadena artesanal.
El ámbar conecta economía comunitaria y biodiversidad
La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad registra alrededor de 666 especies vegetales y animales con uso artesanal en México. De ese total, 536 son plantas vasculares, tres hongos, dos algas y 125 especies animales. Los oficios ligados a esos recursos sostienen saberes comunitarios y formas de aprovechamiento desarrolladas durante generaciones.
En Chiapas, esa diversidad aparece en la alfarería de Amatenango del Valle, la lapidaria de Palenque, la madera y el maque de Chiapa de Corzo, los textiles de Zinacantán y las hamacas de Berriozábal. En varias de estas ramas, las mujeres ocupan un lugar central tanto en la producción como en la venta a visitantes.
El ámbar distingue a Simojovel dentro de ese mapa. Además de su valor comercial, cada pieza conserva información geológica y biológica de millones de años. La transformación artesanal convierte ese patrimonio natural en objetos que circulan dentro y fuera del estado, generando ingresos para hogares del municipio.
El reconocimiento debe alcanzar a quienes producen las piezas
El análisis plantea que cualquier política dirigida al sector debe considerar las experiencias y necesidades expresadas por las propias artesanas. Eso incluye seguridad en el trabajo, acceso a salud, tiempos de descanso y formas de colaboración compatibles con la organización comunitaria y la relación local con la naturaleza.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía colocan a Chiapas entre las entidades con mayor población hablante de lengua indígena. En Simojovel, esa realidad se enlaza con una actividad artesanal que depende del conocimiento de mujeres tsotsiles y de su capacidad para sostener simultáneamente producción, comercialización y cuidados.
La revisión publicada este miércoles amplía la mirada sobre el ámbar chiapaneco: detrás de las piezas terminadas existe una cadena de trabajo femenino que comienza en el cascajo, continúa en los talleres y llega hasta los puntos de venta. Ese recorrido mantiene vivo el oficio y aporta recursos a numerosas familias del municipio.
Fuentes: HoyXalapa, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, Instituto Nacional de Estadística y Geografía.








