Chiapas concentra cerca del 20 por ciento de los sismos registrados en México y mantiene un riesgo permanente por la interacción de las placas de Cocos, Norteamericana y del Caribe, una realidad que obliga a reforzar la prevención y la revisión de edificios en Tuxtla Gutiérrez.
Datos citados por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas colocan al estado como el tercero con mayor actividad sísmica del país, después de Oaxaca y Guerrero. El panorama volvió a cobrar relevancia tras el movimiento de magnitud 7.4 ocurrido el 17 de julio de 2026 frente a la costa chiapaneca.
La costa de Chiapas mantiene actividad constante
De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, el temblor del 17 de julio se localizó 135 kilómetros al suroeste de Ciudad Hidalgo. Las intensidades estimadas más altas se ubicaron en la zona fronteriza entre México y Guatemala, aunque el movimiento fue percibido en distintas regiones del estado.
Los especialistas explican que la duración percibida depende de la distancia al epicentro, el tipo de suelo y las características de la construcción. Después de un sismo fuerte, el reacomodo de las rocas genera réplicas que pueden prolongarse durante semanas o meses.
Edificios antiguos requieren dictámenes especializados
En Tuxtla existen construcciones de más de tres niveles levantadas a mediados del siglo pasado, principalmente en el primer cuadro. Sin un censo público actualizado de inmuebles en desuso, la evaluación individual adquiere mayor importancia para detectar fisuras, deformaciones o daños acumulados.
Las revisiones estructurales deben ser realizadas por personal acreditado ante Protección Civil del Estado. Una inspección visual de propietarios o vecinos no sustituye un dictamen técnico, especialmente cuando se trata de escuelas, oficinas, comercios o viviendas de ocupación frecuente.
El patrimonio de Tuxtla también está expuesto
El terremoto de magnitud 8.2 del 7 de septiembre de 2017 dejó daños en más de 90 municipios y provocó la muerte de 16 personas en Chiapas. En Tuxtla fueron revisados inmuebles como el Museo Regional, el Centro Cultural Jaime Sabines y el templo de Santo Domingo de Guzmán.
Aunque algunos recintos no presentaron afectaciones severas, las inspecciones mostraron la necesidad de vigilar muros, plafones y elementos estructurales. El mantenimiento preventivo reduce riesgos y protege el patrimonio cultural antes de que un nuevo movimiento agrave daños existentes.
Preparación familiar ayuda a reducir el pánico
La actividad sísmica también tiene efectos emocionales. Sentir miedo durante un temblor es una reacción normal que favorece la supervivencia, pero puede convertirse en un problema cuando persiste e interfiere en la vida cotidiana.
Protección Civil recomienda identificar zonas de menor riesgo, mantener libres las rutas de evacuación, preparar una mochila de emergencia y participar en simulacros. Durante un sismo se debe evitar correr, gritar o empujar, además de alejarse de ventanas y objetos que puedan caer.
Para una ciudad como Tuxtla, la prevención combina infraestructura segura, información clara y entrenamiento ciudadano. La elevada sismicidad no permite predecir cuándo ocurrirá un movimiento importante, pero sí demanda estar preparados para disminuir sus consecuencias.
Fuentes: Servicio Sismológico Nacional; Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas; Instituto de Ingeniería de la UNAM; Cuarto Poder.





