Investigadores y estudiantes de la Universidad Autónoma de Chiapas desarrollan en Huehuetán un modelo de ganadería regenerativa que busca producir carne y leche sin profundizar la deforestación, la erosión del suelo ni el estrés térmico del ganado.
El proyecto funciona en el Módulo Ganadero de la Facultad de Ciencias Agrícolas, Campus IV, como un laboratorio vivo para probar prácticas adaptadas al clima del Soconusco. La propuesta sustituye el potrero sin árboles por un agroecosistema que combina pasturas, cercas vivas, manejo del agua y atención preventiva de los animales.
Una respuesta al desgaste de la ganadería extensiva
La ganadería extensiva tradicional suele retirar la cobertura arbórea para establecer monocultivos de pasto. Esa práctica expone el terreno al sol y a las lluvias intensas, acelera la pérdida de la capa fértil y reduce la capacidad del suelo para retener humedad durante las sequías.
También afecta al ganado: las altas temperaturas elevan el estrés térmico y pueden reducir el consumo de alimento, la producción de leche y la ganancia de peso. Frente a ese panorama, la universidad plantea que conservar árboles puede ser compatible con la rentabilidad pecuaria.
Pasto Bombaza y árboles forman el sistema
La estrategia utiliza pasto Bombaza, conocido científicamente como Panicum maximum, una gramínea de alto valor forrajero que tolera la sombra. Esta cualidad permite establecer sistemas silvopastoriles con árboles dispersos y cercas vivas dentro de las áreas de pastoreo.
Las copas reducen la radiación directa y generan microclimas que pueden ser hasta cinco grados Celsius más frescos. Las raíces profundas, por su parte, favorecen la infiltración del agua y aportan materia orgánica. La combinación ayuda a prevenir erosión y mantiene forraje verde durante periodos críticos.
El suelo y el carbono entran en la ecuación
El modelo considera al potrero como un sistema donde interactúan suelo, agua, flora, fauna y ganado. La biomasa de los árboles y sus raíces contribuye a capturar carbono, mientras la cobertura vegetal disminuye la pérdida de humedad y protege el terreno de la lluvia.
Para la región del Soconusco, expuesta a calor y sequías prolongadas, la resiliencia alimentaria del hato es un objetivo central. Disponer de sombra y proteína vegetal durante la época seca puede evitar caídas bruscas en la productividad.
Capacitación para llevar el modelo a los ranchos
El trabajo es encabezado por un equipo multidisciplinario y coordinado desde la Facultad de Ciencias Agrícolas. Incluye pastoreo rotacional para evitar el sobrepastoreo, suplementación estratégica en temporada seca y calendarios de vacunación y control zoosanitario.
El siguiente paso será convertir los resultados experimentales en prácticas accesibles para productores de distintas escalas. La adopción dependerá de capacitación, inversión inicial y acompañamiento técnico, pero ofrece una ruta para que la actividad ganadera reduzca su impacto ambiental sin abandonar su función económica y alimentaria.
Fuentes: Universidad Autónoma de Chiapas; Cuarto Poder; USDA National Agroforestry Center.








