Las visitas regulares de perros de terapia pueden contribuir a la recuperación de personas hospitalizadas por trastornos mentales, de acuerdo con un estudio reciente publicado en la revista Frontiers in Psychiatry.
La investigación encontró que la presencia de perros de terapia ayudó a disminuir la sensación de soledad y aislamiento en pacientes internados en un hospital de atención psiquiátrica, convirtiéndose en un apoyo adicional dentro de su tratamiento.
“Hasta donde sabemos, este es el primer estudio de este tipo que examina cómo los perros afectan la soledad en personas hospitalizadas para el tratamiento de enfermedades mentales agudas”, señaló Nancy Gee, directora del Centro de Interacción Humano-Animal de la Universidad Commonwealth de Virginia (VCU) y autora principal del estudio.
“Nuestros hallazgos muestran que hay algo único en la presencia de un perro de terapia que proporciona una mejora inmediata de la soledad, más allá de las interacciones humanas o el estándar de atención”, afirmó en un comunicado.
Los investigadores destacaron que las estancias prolongadas en hospitales pueden convertirse en experiencias profundamente aislantes, lo que repercute negativamente en la salud mental y física de los pacientes.
La soledad, advirtieron, está vinculada con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, demencia, accidentes cerebrovasculares, depresión, ansiedad e incluso muerte prematura. También se asocia con pensamientos suicidas y recaídas en el consumo de sustancias.
“La soledad supone riesgos para la salud tan mortales como fumar 15 cigarrillos al día”, explicó Gee. “Los adultos mayores y las personas con trastornos de salud mental son algunos de los grupos más vulnerables, especialmente quienes están hospitalizados”.
En el estudio piloto participaron 60 pacientes que recibían tratamiento por enfermedad mental aguda en VCU Health. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a tres grupos.
El primero recibió la visita de un perro junto con su guía, perteneciente al programa Dogs on Call, impulsado por el Centro de Interacción Humano-Animal de VCU.
El segundo grupo recibió únicamente la visita del guía, sin el perro.
El tercero continuó con la atención habitual sin intervención adicional.
Los resultados mostraron que quienes interactuaron directamente con el perro experimentaron una reducción inmediata en sus niveles de soledad, lo que sugiere que este tipo de intervención podría integrarse como complemento terapéutico en entornos psiquiátricos.





