La presidenta Claudia Sheinbaum defendió el sábado 26 de septiembre en Hermosillo, Sonora, la reforma constitucional que exige nacionalidad mexicana única a quienes aspiren a la Presidencia, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
La iniciativa ya fue aprobada en la Cámara de Diputados y llegó al Senado para continuar el proceso legislativo. Sheinbaum sostuvo que el requisito no elimina el derecho general de las personas a tener dos o más nacionalidades, sino que se concentra en quienes busquen encabezar los poderes ejecutivos federal y locales.
La Cámara de Diputados aprobó la reforma con 344 votos
El dictamen obtuvo 344 votos a favor, 116 en contra y una abstención en la Cámara baja. El texto modifica los artículos 82, 116 y 122 de la Constitución para establecer la nacionalidad única en el ejercicio de la Presidencia de la República, las gubernaturas de los 31 estados y la Jefatura de Gobierno capitalina.
La propuesta exige renunciar a cualquier otra nacionalidad antes de solicitar el registro como candidata o candidato. Durante el ejercicio del cargo, la persona tampoco podría adquirir o pedir otra nacionalidad, invocar una identidad extranjera ante otra autoridad ni solicitar protección diplomática de un Estado distinto.
La minuta pasó al Senado y fue turnada a comisiones. Para avanzar necesita el respaldo de la mayoría calificada de la Cámara alta y, al tratarse de una reforma constitucional, deberá continuar después ante los congresos estatales.
Sheinbaum vinculó el requisito con la soberanía
En su discurso en Hermosillo, la mandataria dijo que quien encabece el país no puede tener “dos banderas o dos pueblos”. Presentó la iniciativa como una garantía de que la persona titular del Ejecutivo responderá únicamente ante México y ante su población.
Sheinbaum sostuvo que ninguna potencia extranjera ni grupo de poder debe determinar el destino nacional. Para desarrollar ese argumento recordó episodios de intervenciones extranjeras y mencionó el papel que atribuyó al embajador de Estados Unidos durante el golpe de Estado contra Francisco I. Madero.
La presidenta insistió en que una persona puede conservar doble o triple nacionalidad mientras no pretenda competir por uno de los principales cargos ejecutivos. La limitación, explicó, se aplicaría al momento de registrar una candidatura y durante el desempeño de la función.
El proyecto alcanza a los ejecutivos federal y estatales
El alcance del dictamen incluye la Presidencia, las 31 gubernaturas y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. No establece una prohibición general para legisladores, integrantes de ayuntamientos o ciudadanía con más de una nacionalidad, de acuerdo con la redacción expuesta durante el debate.
Los estados deberán armonizar sus constituciones y sus leyes electorales dentro de los 90 días naturales siguientes a la entrada en vigor del decreto. Ese plazo comenzará únicamente después de que concluya el proceso constitucional y el texto sea publicado en el Diario Oficial de la Federación.
La reforma fue enviada al Congreso a finales de agosto. Su exposición la presentó como una medida para colocar el interés de México por encima de los compromisos que pudiera generar la ciudadanía formal en otro Estado.
El Senado tiene la siguiente decisión legislativa
La aprobación en Diputados no convirtió todavía el proyecto en norma vigente. La discusión continúa en el Senado, donde el contenido puede ser aprobado en sus términos o modificado. Si la Cámara alta cambia la minuta, el texto deberá regresar a la cámara de origen.
La etapa posterior requerirá el aval de la mayoría de los congresos estatales, como ocurre con las modificaciones a la Constitución federal. Solo después de completar esa ruta podrá emitirse la declaratoria correspondiente y realizarse la publicación oficial.
Durante el acto en Sonora, Sheinbaum afirmó que espera la aprobación del Senado. El expediente quedó en manos de las comisiones de la Cámara alta, mientras el requisito de nacionalidad única permanece como propuesta y las reglas vigentes continúan sin cambios.
Fuentes: El Financiero, La Silla Rota





