25 de septiembre de 2026

Tuxtla enfrenta mayor escurrimiento por la pérdida de áreas de infiltración

La cuenca alta de Tuxtla infiltra entre 5 y 35 por ciento del agua y puede enviar hasta 95 por ciento de la lluvia hacia la zona urbana.
Zona de la cuenca de Tuxtla expuesta a escurrimientos por lluvias
Cuenca urbana de Tuxtla durante la temporada de lluvias.

Tuxtla Gutiérrez recibe cada temporada de lluvias un volumen creciente de escurrimientos desde la parte alta de su cuenca, mientras el suelo conserva cada vez menos capacidad para absorber el agua. El diagnóstico más reciente sitúa la infiltración entre 5 y 35 por ciento y advierte que, en algunos sectores, hasta 95 por ciento de la precipitación corre hacia la zona urbana.

La relación entre ambos datos explica por qué una lluvia intensa no permanece solamente en el punto donde cae. El agua que no entra al subsuelo desciende por pendientes, cauces y superficies urbanizadas hasta concentrarse en las partes bajas de la capital. Ese comportamiento convierte la conservación del terreno permeable en un componente directo de la seguridad urbana, no únicamente en una tarea ambiental.

El problema se agrava con la pérdida de cobertura forestal en la cuenca. Las estimaciones disponibles señalan que esa reducción podría alcanzar 60 por ciento, un cambio que disminuye la protección natural del suelo y eleva la velocidad con la que el agua avanza. Menos vegetación y menor infiltración significan más volumen desplazándose en menos tiempo hacia calles, viviendas e infraestructura.

La cuenca alta absorbe entre 5 y 35 por ciento

La amplitud del rango de infiltración muestra que la respuesta del terreno no es uniforme. Hay zonas que todavía retienen una parte relevante de la lluvia y otras donde la absorción es mínima. Las diferencias dependen de las condiciones del suelo, la presencia de vegetación y el grado de transformación del territorio. En todos los casos, el porcentaje restante se convierte en escurrimiento superficial.

Cuando la absorción se acerca al límite inferior de 5 por ciento, casi toda el agua queda en movimiento. El dato de hasta 95 por ciento de escurrimiento expresa precisamente ese extremo. La cuenca funciona entonces como un sistema conectado: lo que ocurre en terrenos altos repercute después en el tejido urbano, aunque la precipitación no haya comenzado en el centro de la ciudad.

La pérdida forestal podría llegar a 60 por ciento

La cobertura vegetal cumple varias funciones simultáneas. Reduce el golpe directo de la lluvia sobre el suelo, facilita la entrada del agua y retarda su recorrido cuesta abajo. Su disminución deja superficies más expuestas y debilita esa regulación. Por ello, el posible nivel de pérdida forestal forma parte central del cálculo de riesgo para Tuxtla.

El avance urbano también modifica el comportamiento del agua. Techos, pavimento y otras superficies compactadas interrumpen la infiltración y conducen la precipitación hacia desagües o cauces. La ciudad recibe así tanto el agua que cae sobre su propia superficie como una porción importante de la que desciende desde la cuenca. Esa suma ayuda a entender la presión que enfrentan los puntos bajos durante episodios de lluvia.

Las áreas permeables forman parte de la protección urbana

La necesidad de ampliar y conservar áreas de infiltración se desprende de las cifras del diagnóstico. Estos espacios permiten que una parte de la lluvia permanezca en el terreno y reducen el volumen que llega de forma inmediata a la red urbana. Su utilidad se mide en la cantidad de agua que dejan de trasladar hacia sectores habitados.

La planeación de la cuenca requiere observar el territorio completo y no solo los lugares donde finalmente se acumula el agua. La protección de zonas forestales, la conservación de suelo absorbente y el control de superficies impermeables actúan antes de que el escurrimiento alcance calles o viviendas. Son intervenciones distintas, pero comparten el objetivo de recuperar capacidad de retención.

El riesgo crece donde el agua se concentra

La expansión de zonas de riesgo está ligada al desequilibrio entre precipitación, absorción y desplazamiento. Si el terreno infiltra menos, el agua recorre mayores distancias y aumenta su concentración en cauces y partes bajas. La afectación no depende únicamente de cuánto llueve, sino también de la velocidad y el volumen con que el escurrimiento llega a la ciudad.

Las cifras de la cuenca alta colocan el desafío en una escala metropolitana: entre 65 y 95 por ciento del agua puede quedar fuera del suelo después de una lluvia, de acuerdo con el sitio y sus condiciones. Ese volumen se incorpora al sistema de escurrimientos que atraviesa Tuxtla. La conservación de cada superficie permeable representa, por tanto, una fracción concreta de agua que no desciende de inmediato hacia el área urbana.

Fuentes: El Heraldo de Chiapas

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