Chenalhó: Huir de casa y no poder regresar


  • El humo de las casas en llamas y los disparos alertaron a 200 familias tsotsiles cuando tres grupos armados tomaron la comunidad de Santa Martha. Huyeron sin mirar atrás y con miedo a que los mataran

 

Por Issa Maldonado

Polhó, Chenalhó, Chiapas.-  José Manuel traza con el dedo un rectángulo sobre la mesa donde hay 25 fotografías que muestran balas, armas y casas quemadas. Dice que la disputa por 22 hectáreas -en donde ni siquiera existen tierras para el cultivo y solo es un paso que enlaza al municipio de Chalchihuitán- en Manuel Utrilla, en la comunidad Atzamilhó, los obligó a abandonar sus casas, sus animales y sus cultivos. Son los desplazados de Chenalhó que aún no han podido regresar a sus hogares desde el pasado 29 de septiembre. 

El humo de las casas en llamas y los disparos alertaron a 200 familias tsotsiles cuando tres grupos armados tomaron la comunidad de Santa Martha. Huyeron sin mirar atrás y con miedo a que los mataran, como sucedió con una familia compuesta por seis personas cuyos restos aún no han sido encontrados.

Su nuevo refugio es una montaña de territorio zapatista, donde niñas y niños, mujeres y hombres duermen en medio de la angustia por no saber cuándo terminará el conflicto.

Las familias dicen que, si bien el ataque comenzó por la disputa de las 22 hectáreas, dicen que los grupos armados desplazaron a indígenas que viven en una vía que conecta con el municipio de Chalchihuitán.

“Primero está nuestro poblado, a 10 minutos están las hectáreas en disputa y a 15 minutos está Chalchihuitán, ya se las habíamos dado las hectáreas, sí, nosotros estamos en otro lado a esas tierras, ahora no sé qué quieren, creo que es por envidia es que nos quieren sacar”, dice José Manuel, mientras llueve en el único refugio que tienen esa tarde , una carpa improvisada.

“Las tierras en disputa es un camino de terracería donde no hay siembras, ni nada, la distancia aproximada de donde viven estos indígenas pasando por las 22 hectáreas, a Chalchihuitán es de una hora”, contó un poblador de este municipio.

 

Dejarlo todo

Margarita Velasco Velasco, madre de cuatro hijos, no se quita las manos del estómago porque desde que tuvo que huir de su vivienda el dolor no cesa y ya no quiere comer. Llora al recordar sus pollos, guajolote, conejos y gallinas que dejó atrás.

A ella, como decenas de familia, le quemaron la casa y le robaron todas las pertenencias que tenía, cuenta mientras abraza a uno de sus hijos que ya enfermó de gripa y tos.

"Nadie quiso voltear a ver cómo eran esos encapuchados se llevaron todo, cuenta con sollozos, desde el autónomo y rebelde comunidad zapatista, San Pedro Polhó.

Ahora forma parte de este grupo de casi 40 desplazados, unos 15 menores de edad y una mujer embarazada, que viven en una casa de madera prestada. El resto se han repartido en casas similares de esta localidad ubicada a casi dos horas de San Cristóbal de Las Casas.

Antes tenían frío, hambre y tristeza cobijados bajo una carpa azul bajo los árboles de una montaña cercana, pero hubo una familia que al ver a los niños les dio un espacio para dormir.

 

Las armas

Manuel tiene anotado en una libreta los nombres con apellidos de 21 líderes indígenas de Manuel Utrilla “quienes mueven las armas” y que habrían sido las autoridades de la quema de 100 viviendas, 30 autos y una familia.

“Los muertos ya fueron enterrados en el mismo municipio para no dejar evidencia”, explica el desplazado.

Según los hombres de este grupo, ninguno de estos desplazados está armado, ni se han enfrentado con el grupo armado que los sacó. Las mujeres dicen que antes de que ocurrieran estos hechos violentos, lo único que escucharon fueron las detonaciones de armas de fuego durante unos días.

“Que desarmen a esta gente para que podamos regresar porque se acerca la temporada de ir a recoger el café y eso también me preocupa”, dice Manuel Gómez.

Sin retorno

El pasado lunes 10 de octubre, autoridades de la comunidad Santa Martha, advirtieron que no permitirán el regreso de más de 200 pobladores que se desplazaron de la comunidad, por el conflicto interno.

“Los mil 600 comuneros no queremos más violencia y apostamos a vivir en paz con los ancianos, mujeres y niños, por lo que pedimos la reubicación en otro lugar de las familias que manifiestan ser desplazadas, pero que en el interior de nuestras comunidades son señalas como integrantes de un grupo armado”, señalaron en un comunicado.

En Chenalhó, ni el ejército mexicano ni funcionarios estatales o federales han logrado entrar a Santa Martha para verificar las denuncias de muertos y cuantificar los daños de las casas quemadas y pertenencias que fueron sustraídas por los grupos civiles armados.

 






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