Wimbledon, trampolín necesario para Rafael Nadal


Siete veces campeón de Wimbledon, Pete Sampras sólo ganó un partido en sus tres participaciones iniciales. En 1992, un año antes de hacerse con el primero de sus títulos, cayó en semifinales contra Goran Ivanisevic. “No tenía ni idea de dónde iban dirigidos sus servicios”, confesó entonces.

 “¿Cómo restas esto?”, le preguntó a su entrenador, Tim Gullickson. “Acortando el swing, golpeando la pelota pronto con la muñeca firme, bloqueándola”, le explicó éste. Pistol Pete, como era conocido por el carácter letal de su propio servicio, aprendió a restar y nadie volvió a derrotarle hasta 1996, cuando lo consiguió Richard Krajicek.

Wimbledon cambia las reglas del juego. “Te obliga a salir de tu zona de confort”, dice Novak Djokovic, doble vencedor, que inicia el lunes (14.00 hora española) ante el alemán Philipp Kohlschreiber la defensa de la copa. “Todo sucede muy rápido, los puntos se juegan en dos o tres golpes, lo que te obliga a hacer las cosas de forma diferente”.

“En hierba todo es distinto. Has de estar concentrado en cada punto. No puedes cometer dos errores consecutivos con tu saque porque significa que casi has perdido el set”, añade Rafael Nadal, campeón en 2008 y 2010, que llega al torneo como décimo cabeza de serie, el peor ránking desde su debut en esta competición.

Es la oportunidad de los sacadores, gigantes de gatillo fácil capaces de prosperar a partir del primer golpe. La superficie privilegia los impactos de inicio, el saque, por supuesto, pero también el resto, pues el torneo ha ido evolucionando hasta otorgar recompensas muy serias a los más audaces con la primera devolución. Desde el triunfo de Andre Agassi en 1992, especialistas con el resto se han abierto camino en este territorio singular. Lo consiguió Lleyton Hewitt, una década después, tras imponerse en la final a David Nalbandian, otro tenista de características similares. Los triunfos de Nadal, Djokovic y Murray han llegado también sin contar con el saque como su máximo aval.

 

El poder del saque

Con todo, jugadores insignificantes en arcilla se convierten en un peligro evidente sobre esta superficie. Ahí está Ivo Karlovic, que sumó 45 aces en los cuartos de Halle para batir el récord de saques directos en un partido al mejor de tres sets. A los 36 años, con sólo seis títulos, sigue siendo uno de los tipos con los que nadie desea toparse. Desde sus 211 centímetros, disimula unos limitados recursos globales con un servicio rotundo. Tenistas como John Isner, a pesar de las lagunas que le han impedido pasar jamás de la tercera ronda, pueden convertirse en un problema gracias a las facilidad propia en esta suerte de un hombre de 2.08.

La semana inaugural es el espacio más propicio para los imprevistos. Según avanza el torneo, la hierba pierde pureza y va asimilándose más a un terreno convencional. Ello explica en parte que el desenlace resulte mucho más previsible de lo que harían suponer las circunstancias excepcionales. Desde que Goran Ivanisevic salió campeón en 2001 entrando en el cuadro gracias a una invitación, ninguno de los campeones se presentó con un rango inferior al número cuatro. En seis de las tres últimas ediciones ganó cabeza de serie número uno.

Ivanisevic, uno de los más grandes sacadores de la historia, se vio en más de una ocasión traicionado por su temperamento. En 1992, después de la victoria ante Sampras en semifinales, no tuvo suficiente con 37 aces para vencer a Agassi en la final. Cuatro años más tarde totalizaría más de 1.500 saques directos a lo largo de la temporada. Y con la victoria de 2001 respondería a John McEnroe, quien le había catalogado como «un jugador de un solo golpe».

 

Sexto mejor balance en hierba

Con unas condiciones embrionarias que están lejos de las de un especialista, Nadal es el sexto jugador en activo con mejor balance de resultados sobre hierba. Doble campeón en Wimbledon, ha sabido adaptar su estilo a los imperativos de la superficie. Como zurdo, a pesar de no poseer un servicio extremadamente veloz, se desenvuelve con solvencia y sabe hacer daño en el lado de las ventajas, donde abre ángulos sólo al alcance de los jugadores que se manejan con la izquierda. A la hora de restar, son pocos quienes le superan.

Salvo en 2013, cuando decidió no disputar torneo previo alguno después de ganar su octavo Roland Garros, se ha aproximado al césped con un rodaje previo. Este año, después de vencer a Troicki en la final de Stuttgart, perdió con Dolgopolov en primera ronda de Queen's, dejando la sensación de que no le interesaba desgastarse en exceso. A diferencia de París, donde se topó con Djokovic en cuartos de final, el cuadro no le ha sido adverso. Bellucci, 41º, su adversario el martes, tan sólo ha jugado once partidos oficiales en hierba en sus 27 años de vida.

El brasileño no ha logrado ganarle un set en los cuatro cruces previos, uno de ellos en el mismo escenario e idéntica ronda hace tres temporadas. Brown o Lu esperarían a Nadal en segunda ronda y previsiblemente Troicki en tercera.

La baja de Ferrer le despeja aún más el horizonte hasta un hipotético partido en cuartos con Andy Murray. Nadal no cuenta esta vez entre los principales favoritos, etiqueta que se reparten Djokovic, Murray y Federer, pero pocos dudan de que puede tornarse peligroso si logra salvar la semana inicial.

Sin lesiones esta temporada, con menos desgaste tras haber ganado sólo dos títulos y presentarse también en la final de Madrid, llega al All England Club en el comienzo de la parte más golosa del curso, aquella en la que tendrá más posibilidades de sumar puntos. Ausente buena parte de la segunda mitad de 2014, se encuentra ante el inicio de su posible autor reivindicación, de dejar claro que aún puede quedarle mucho por decir.

 

Fuente: El Mundo






Lo más visto...

tiempoyforma