Tras las fiestas, sigamos siendo niñas y niños


Por Alessandra Rojo de la Vega (@alessandrardlv)

HA TERMINADO LA Navidad y el año nuevo. Pasaron las pastorelas, las posadas y el festejo por el Día de Reyes. Sin duda alguna, la época que transita entre diciembre y enero es un período de reflexión, agradecimiento, descanso, pero sobre todo, de renacimiento. En efecto, la idea detrás de estas festividades, más allá de lo social, es renovarnos, mejorar lo que nos gusta de nosotros mismos y cambiar lo que no; por eso nos ponemos propósitos en Año Nuevo, pues la idea es ir creciendo tras cada vuelta que le damos al sol. 


Para mí, recordar la Navidad es dirigirme a mi pasado inmediato: mi niñez. Es una época en la que, más allá de los regalos y los juguetes —algo propio de las niñas y los niños—, recordamos el nacimiento de un niño especial en un 25 de diciembre. Un niño que, independientemente de nuestro credo o la fe que profesamos, cambió al mundo transmitiendo humildad y amor. La celebración de los Reyes Magos es otra conmemoración posterior sobre la misma historia; la búsqueda de ese niño especial para otorgarle unos presentes; de ahí que replicamos la bendición —o el infortunio para algunos— de que nos toque «el niño» en la rosca, para poder traerles como presentes los tamales a nuestros familiares o invitados. Así de ricas y profundas son nuestras tradiciones mexicanas. Fomentan la unidad, la sana convivencia y el amor, tal como lo hace la inocencia de un niño. 


Es muy sabido por algunos que mi causa es, precisamente, la niñez de este país que tanto amo: México. Precisamente porque creo en el potencial de la infancia mexicana, no como su futuro, sino como su presente. Porque con niños que piensen sin vicios y con una mente alejada de toda corrupción es como en este país se podrán ir mejorando las cosas. Poco a poco. Si muchos de nuestros grandes empresarios, políticos, servidores públicos, educadores, y demás profesiones, tuvieran la conciencia o el sentido de responsabilidad que el de un menor, estoy segura de que no sólo este país, sino, en general, este mundo, sería uno muy distinto y mejor. Habiendo dejado atrás las fiestas decembrinas y de inicio de año, creo muy pertinente recordar los valores de las mismas y reafirmar la importancia de no olvidar a la niñez de este país, sobre todo, a los más vulnerables.


Es muy simple, si recordamos los valores y las metas, podremos cumplir nuestros deseos de renovación y comenzar a hacer algunas cosas de manera distinta. Para que no queden propósitos sin cumplir, como muchas veces suele suceder. Para que verdaderamente seamos agentes de cambio. Porque si abrazamos los principios más básicos de esas fiestas podremos ser nuevas personas y mejores con el mundo. 


Los adultos somos responsables de los más indefensos, y en este plano están nuestros pequeños y nuestras menores. Si nosotros cambiamos para bien, podremos influir para bien en ellas y ellos. Sin adultos responsables, no podemos hablar de sueños y esperanzas en el presente y futuro de nuestra infancia, esperando que se mantenga pura y alejada de cualquier contaminante en su persona, su mente y su condición física. La virtud de nuestros niños radica en que nosotros, los que influimos en su formación, seamos personas conscientes, amorosas, responsables y con valores positivos. Recordemos que ellos y ellas copian nuestras actitudes, palabras y adoptan nuestros pensamientos, pues son mentes muy frágiles y absorben la información cual esponja. De ahí que me entristece ver cómo hay seres humanos que pueden lograr manipular a una mente tan inocente, al grado de hacerla cometer atrocidades, crímenes o reclutarla y prepararla para guerras, conflictos armados, ataques… ¡Así de vulnerables son nuestros pequeños y así de grande es nuestra responsabilidad!


Queridos amigos y amigas, he decidido volver a escribir en este 2016 para hablar de lo que me importa. Para intentar cambiar a este país a partir de las ideas y de la acción práctica. Porque creo que a través de este medio puedo denunciar las injusticias que veo en nuestro México diverso, pero también porque puedo mostrar lo gratificante que es tener una causa tan noble como la que me apasiona. Que este 2016 sea un año de muchas bendiciones, pero también de mucho crecimiento personal y profesional. Que el amor y la bondad invadan sus corazones para poder compartir con el mundo y su niñez la alegría de estar vivo, y la bendición que representa una mente inocente, un corazón deseoso de amar y ser amado. Felicidades a todos y todas quienes, como yo, son padres y madres. Este mensaje es para ustedes, pero también para todos los que, de alguna forma u otra, tienen la oportunidad de influir en un menor. Antes de cualquier acto, recuerden estas palabras, porque de nosotros depende en buena medida sus primeros actos de conciencia. 
Y tú, ¿qué le piensas dejar al mundo a través de tus hijos?


Autor: Alessandra Rojo de la Vega

Comunicóloga especializada en comunicación social y política, relaciones públicas y estrategia digital. Es una activista comprometida con mi país y su soci...






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