PERSPECTIVAS 29.07.16


Por Norberto DE AQUINO

 

El conflicto con la CNTE se ha convertido en algo profundamente tóxico para el gobierno. No sólo ha convertido el ambiente social en un polvorín, sino que ha convertido a buena parte del territorio nacional en un pantano de tensiones y ha arrastrado al desgaste político a la columna vertebral del gobierno de Enrique Peña Nieto.

El actual gobierno intentó dar en el sector magisterial un golpe político de gran alcance. Puso en la cárcel a la profesora Elba Esther Gordillo, y quedó en control absoluto del SNTE. Y se lanzó a buscar el control de la CNTE.

Utilizó primero, los canales acostumbrados. Acuerdos, cesiones y concesiones y por supuesto, dinero a la menor provocación. No se hizo caso de las luces de alarma encendidas en buena parte de los tableros del sector político. Se pensó que todo estaba bajo control.

Se aprobaron las reformas estructurales y se calculó el nivel de inversiones foráneas. Y se planeó en base al éxito que se tenía planeado sobre los escritorios. La CNTE se movilizaba, pero perdía terreno. Los golpes del gobierno parecían tener el efecto esperado. Hasta que la realidad demostró que las citadas reformas no darían en el corto plazo, los logros anunciados.

Se inició entonces, la estrategia del control de daños. Excusas de todo tipo para minimizar los daños. El ámbito internacional permitió encontrar pretextos de todo tipo. Pero en lo interno, las protestas y el “mal humor” social se desataron. Y la incapacidad política apareció en todos los frentes. Y el magisterio entendió lo que sucedía.

La CNTE se había apoderado de varias entidades. Y simplemente aprovechó la oportunidad. Entendió que el gobierno perdía alianzas, que se fracturaba en lo interno y que la fuerza que pregonaba simplemente trabaja en contra de las ideas oficiales.

Así, las cosas cambiaron de rumbo. Y el gobierno pasó a la defensiva después de los muchos errores cometidos en Nochixtlán. La reforma educativa, la única que tambaleante y todo, se mantenía más o menos en pie.

A partir de ese momento, la CNTE desató una ofensiva. Pero no cualquier ofensiva, sino una que ha rebasado con facilidad, los servicios de inteligencia del gobierno. Y ha puesto en claro el objetivo de la lucha que, no se dice, pero en estos momentos va mucho más allá de los planes en el sector educativo.

Si se pone algo de atención en los movimientos de la Coordinadora, se verá que en buena parte, tienen como objetivo intereses particulares. Y no se requiere de un talento especial para entender que ello tendrá como ya se ve, un resultado obvio: los empresarios buscarán mediante la presión, que el gobierno resuelva el problema.

Al mismo tiempo, la CNTE recibió abierto respaldo del EZLN que puede verse como algo intrascendente, pero que en la realidad significa un movimiento político que coloca al gobierno en una posición incómoda por decir lo menos.

Del mismo modo, el clero católico, o al menos parte de él, ha dado su respaldo al magisterio. Y en contra, grupos empresariales presionan para que, con la fuerza, se termine con el problema.

Pero el gobierno tiene la fuerza, pero carece del capital político necesario para una acción de esa naturaleza. Y ello sin tomar en cuenta que Aurelio Nuño, como titular de Educación Pública, y Miguel Ángel Osorio Chong, como titular de Gobernación, han perdido mucho de su espacio de movilidad. Están enfrentados entre ellos, mantienen visiones diferentes y buscan soluciones de diferente forma.

Así, lo que de alguna manera vemos, es una moderna “lucha de clases” en la que el gobierno no ata ni desata. Busca mesas de diálogo, pero no quiere llegar a ninguna parte. Pierde con gran facilidad, la iniciativa en todo el problema y cuando parece que se tiene algo en la mano, en poco tiempo aparecen versiones que dejan ver que en realidad, no se ha logrado absolutamente nada.

El conflicto con la CNTE consume el poco capital político que le resta al gobierno. Reduce rápidamente a las figuras políticas del gobierno. Cansa a los empresarios y lleva a los ciudadanos a entender que, en el fondo, lo que se padece es una profunda incapacidad oficial. Con el agravante de que antes de mejorar las cosas podrían empeorar aún más.

 


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...





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