Perspectivas 14.04.15


La pulverización de la izquierda ha mostrado con toda claridad en las encuestas, que el PRD corre el riesgo de perder no sólo posiciones, sino el futuro. Y esa situación los ha llevado a intentar colocar desde ahora, a Miguel Ángel Mancera como su carta fuerte para el 2018, en un intento por evitar que la caída en el Distrito Federal sea total.

Carlos Navarrete disfraza el destape del actual jefe de gobierno con un “es el candidato natural”, cuando en realidad lo que hace es simplemente, tratar de fortalecer a la única carta que les queda para buscar mantenerse como la fuerza de izquierda más importante en el país.

El PRD paga hoy las muchas facturas de su extravío político. Haber aceptado el apoyo del gobierno para el grupo de los “chuchos” en el momento en que Andrés Manuel López Obrador amenazaba con alcanzar el control absoluto del partido, es hoy el lastre que arrastra al perredismo hacia lo que podría ser la derrota más espectacular de un partido político.

El PRD fue un rival de cuidado en los procesos electorales por la presidencia de la República en varias ocasiones. Pero Cuauhtémoc Cárdenas y el propio López Obrador, no son más militantes. Y el tabasqueño es el rival a vencer. Y esa meta no parece ser algo sencillo de alcanzar. Ni siquiera con las limosnas políticas que el gobierno federal le lanza al perredismo.

La dirigencia del perredismo no entendió nunca el riesgo que corría al dejar de ser una oposición real para convertirse en un aplaudidor del gobierno. Atrapado por los beneficios que le representaba dar al gobierno su voto, el grupo en el poder dentro del PRD, se dejó atrapar en una batalla en la que los golpes le costaban más que los “avances” que el gobierno le concedía.

Así, al momento en que aceptó firmar el Pacto por México. Alcanzó la “gloria” de ser copartícipe de las famosas reformas estructurales, pero también corresponsable de los nulos logros de las mismas alcanzados hasta ahora.

Y en el caso concreto de la reforma fiscal, quedó justo en el terreno en el que nadie le daba las gracias y todos lo pasaban las facturas.

Las cosas empeoraron con el caso Guerrero. Las ligas del perredismo con la delincuencia organizada quedaron a la vista. Y el costo también.

Así, ahora el PRD ve con temor el crecimiento de Morena. Y en su desesperación por escapar a una derrota que lo pondría de rodillas y en riesgo de desaparecer, se prende con angustia a los tobillos de un político de medio pelo y que se ha negado una y otra vez, a militar en las filas del partido, con la esperanza de que la poca popularidad que le queda a Miguel Ángel Mancera pueda convertirse en votos para sus colores.

Y entonces aparece la realidad oculta. El apoyo a Mancera corresponde al apoyo que, desde la estructura del gobierno capitalino se prepara para el PRD.

Ya se descubrieron las despensas que se darán a cambio de los votos. Se sabe del respaldo que desde la oficina de Héctor Serrano se otorga a los perredistas o de la forma en que desde las delegaciones se quiere entorpecer la campaña de Morena.

Miguel Ángel Mancera se convierte, desde ya, en el candidato del PRD. No importa que rechace la militancia partidista. Quiere ser “ciudadano”, pero con el poder del gobierno capitalino como soporte y el emblema del PRD como aval. Todos los que hayan trabajo en el partido, los que hayan luchado por el voto, los que aspiren a una posición, tendrán que sujetarse a los caprichos y órdenes de quien se niega a ser considerado como perredista.

La caída del PRD es obvia. Los “chuchos” rechazaron a López Obrador, perredista, para tener el control del partido. Lucharon contra Marcelo Ebrard para mantener esa posición de fuerza. Y ahora se encaminan a entregar todo en manos de Miguel Ángel Mancera, quien con el uso del poder del gobierno los ha arrinconado y los tiene en la palma de la mano, si es que quieren sobrevivir como fuerza política.

Mancera y el PRD son tal para cual.


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...






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