Perspectivas 07.07.15


Miguel Ángel Mancera ha utilizado el poder para consolidar su imagen y no para dar resultados. Y en base a esa estrategia, decidió aparentar firmeza e inteligencia política al solicitar la renuncia de todo su gabinete, sin entender que en la práctica, lo que demostró realmente fue la misma medianía que le ha caracterizado a lo largo de su gestión.

El señor Mancera, como procurador del Distrito Federal no sólo no resolvió el problema de la inseguridad. No le correspondía la vigilancia, pero fue incapaz de controlar a los delincuentes. Los índices logrados en la pasada administración no le ayudan en nada.

Aun así, logró crear una buena imagen. Mucho cubierto por la imagen de Marcelo Ebrard. Y alcanzó una votación impresionante a la hora de luchar por el poder en la capital de la República.

Pero, una cosa es tener imagen y otra, muy diferente, que la realidad pueda servir como soporte. Y es aquí en donde el señor Mancera tropieza una y otra vez.

Toleró las venganzas en contra de Ebrard, por más que fue incapaz de entender que esas acciones terminarían por dañar mucho de su capital político. Aceptó la manipulación de las encuestas para elevar la tarifa en el Metro y prometió a cambio, grandes mejoras. Y elevó la tarifa, pero el Metro es hoy, una verdadera bomba de tiempo.

Clamó a los cuatro vientos que los cárteles de la droga no tenían bases en el Distrito Federal y que, cuando mucho, estaban sólo de paso. Hoy, ante la abrumadora realidad, su procurador realiza operativos de vigilancia para proteger comercios de todo tipo, ante las extorsiones del narcotráfico.

Siempre reactivo, pero nunca con iniciativa que vaya más allá de su imagen personal. Mancera quiere ahora responder a la catástrofe electoral de su gobierno en la ciudad de México.

Primero, convirtió al PRD en el responsable directo del fracaso. Y después, buscó convertir el daño en una puerta de escape. Así, con los restos políticos de su administración en la mano, se lanzó a la conquista de una candidatura presidencial, la cual no necesariamente podría ser la del PRD, dejando la idea de que podría recorrer la ruta de los independientes.

Como la estrategia no le alcanzó para nada, se tiró de cabeza a copiar medidas de otros gobernantes en otras latitudes. Copiar, nunca crear. Y así, pidió la renuncia de sus compañeros de viaje. Pero de nueva cuenta, incapaz de entender los efectos de sus decisiones, no fue capaz de comprender que el jefe de todos los renunciados es el verdadero responsable de un fracaso como el sufrido en las urnas.

Al mismo tiempo, Mancera no ha entendido que al proteger a los responsables de buena parte de su enojo, al no solicitarles la renuncia o al no despedirlos de manera directa, lo que hace es dañar la imagen de aquellos, en el caso de que existan, que sí tienen buenos resultados en sus gestiones.

Ahora, al momento en que decida el reacomodo o los cambios que ya tiene planeados, además de explicar los motivos para dejar fuera los que se tengan que ir, y para reposicionar a los que se vayan a quedar, Mancera tendrá que dar a conocer los objetivos de su gobierno

A querer o no, una evaluación de resultados en el gabinete del gobierno capitalino, lo que deja ver es que las metas dadas a conocer al inicio de la gestión se perdieron en el camino. Esto es, si hay que evaluar, lo que se tiene que analizar es el avance en las metas. Y, si a dos años y medio del inicio del gobierno hay que medir las cosas, no se requiere de mucho para entender que las metas simplemente se perdieron de vista.

Mancera juega a recuperar su imagen. Poco importan los problemas de los ciudadanos.

Si el jefe del gobierno del Distrito Federal requiere de analizar lo que sucede en el Metro, los problemas de los usuarios son mucho más serios de lo que se pensaba. Si hay que analizar para entender el fracaso en seguridad, la situación es muy grave. Si hay que estudiar el nivel en que se encuentran áreas como transporte y vialidad, poco hay que decir en favor del gobierno capitalino.

Si el señor Mancera requiere de análisis para hacer frente a la corrupción en todas las dependencias de su gobierno, entonces el remedio no es que se pida la renuncia a todos los funcionarios de la administración capitalina.

La solución sería, simple y llanamente, pedirle la renuncia a Miguel Ángel Mancera.


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...






Lo más visto...

tiempoyforma