PERSPECTIVAS 07.04.15


David Korenfeld es un ejemplo clásico de lo que es el quehacer político al estilo Estado de México. Fuertes ligas con el poder y confianza absoluta en la impunidad, lo que lleva al uso y al abuso de los cargos que se ostentan. En términos prácticos, no hay nada novedoso en el nuevo escándalo que sacude al gobierno de Enrique Peña Nieto.

El hasta ahora titular de CONAGUA decidió utilizar, para asuntos familiares, un helicóptero de la institución a su cargo. Y fue sorprendido por alguien que, molesto por el abuso, decidió aprovechar las redes sociales para hacer una denuncia pública.

Ahora, el gobierno, al inicio de las campañas electorales, se tropieza con un problema que a lo largo de la gestión, ha sido su talón de Aquiles. La visión patrimonialista del poder que lo mismo lleva a problemas en las carreteras de paga por el cambio de servidores en todo el equipo tecnológico, que al uso del equipo en este caso, helicópteros, para fines familiares, sin olvidar el conflicto de interés en la adquisición de casas a uno de los empresarios con más contratos en el gobierno.

Pero esto que parece ser un problema que se repite, es a la vez, una oportunidad para que el gobierno de Enrique Peña Nieto ponga en marcha, otra vez, el juego de las imágenes al que tan afecto ha resultado.

Llama la atención que el señor Korenfeld no haya sido corrido de su cargo. Las pruebas en su contra son por decir lo menos, contundentes. Y sus disculpas y supuestos pagos por el uso del helicóptero resultan simplemente, una confesión de parte.

Sin embargo, el gobierno parece no moverse. La Secretaría de la Función Pública ha iniciado una investigación. Y el señor Korenfeld tendrá que mostrar, a lo largo de esta semana, las pruebas que en su favor puedan existir.

La realidad sin embargo, parece simple. Korenfeld será obligado a renunciar, si no es que ya lo ha sido.

En este panorama, la decisión tomada por el gobierno parece ser bastante sencilla y clara.

La oportunidad para el gobierno es enorme. Es el momento de darle a la Función Pública y al más insignificante de los titulares que esa dependencia ha tenido, la credibilidad que no encuentra por ningún lado.

Es fácil imaginar a la Función Pública en un papel de gran autoridad vigilante de los intereses de la ciudadanía, llamando a cuentas a Korenfeld, exhibirlo en su abuso, y condenarlo a dejar el cargo y ha permanecer fuera del presupuesto por algunos años.

Así, la Función Pública, esa que el propio Enrique Peña Nieto intentó desaparecer desde el inicio de su administración, cobraría presencia y fuerza ante la sociedad. Se vería como una dependencia sólida y decidida a actuar con velocidad para sancionar a los funcionarios públicos que cometan abusos de cualquier tipo, desde sus cargos.

Pero lo verdaderamente importante en este caso, no sería el que el señor Korenfeld fuera sancionado. Lo fundamental sería que la Función Pública parecería ser una dependencia real y efectiva.

Y ello serviría para que, al momento en que emita su fallo sobre el tema del conflicto de interés sobre las casas de las Lomas y de Malinalco, la credibilidad fuera, si no la mejor, si aceptable a los ojos de la sociedad.

Por supuesto, pensar que todo será resuelto sin problemas, sería un error. Pero se demostraría que el “combate a la corrupción” es real y que se puede sancionar a un amigo del presidente. Y después, se tendría la salida más adecuada posible al duro problema del conflicto de interés.

David Korenfeld pagará la factura de su soberbia. Pero el gobierno no lo sancionará por ello. Lo castigará como parte de la estrategia de solución al tema de las casas y los conflictos de intereses.


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...






Lo más visto...

tiempoyforma