Perspectivas 05.05.15


El resultado es incuestionable: incapacidad. Y difícilmente el problema se resolverá con nuevos y tronantes discursos y con más y mayores promesas. La realidad dice que toda la estrategia de seguridad “basada en la inteligencia” ha resultado en un absoluto fracaso.

El recuento de los sucesos del fin de semana pasado es ampliamente conocido. Las causas son de todos sabidas. Lo que hace falta es la explicación del gobierno. Esto es, saber si en esta ocasión el gobierno de Enrique Peña Nieto abandonará la estrategia del silencio para, de una buena vez, aclarar qué es lo que sucede en el país y las razones por las cuales no se han cumplido las promesas de campaña.

De entrada, el gobierno podría enfrentar, de cara a la sociedad, el hecho de que sus operativos son al momento de la acción, simplemente arrollados por quienes se supone, serían sorprendidos. Esto es, en la intentona de capturar a Nemesio Oseguera, “El Mencho”, el sorprendido no fue el cártel de Jalisco, “Nueva Generación”.

El estado implementó una estrategia que simplemente no tenía el alcance necesario para lograr los objetivos que se querían. Cuatro estados, especialmente Jalisco, resultaron seriamente afectados. Y el resultado fue el terror ciudadano.

Después, las autoridades podrían intentar explicar la falta de coordinación y la ingenuidad de muchas de sus acciones. Comparados con los criminales, los encargados del operativo demostraron ser muy buenos en el discurso y en el escritorio. Nada más.

Después del nuevo fracaso del viernes pasado, para los ciudadanos es obvio que todo el aparato de inteligencia del estado no funciona. En el momento de los hechos, la autoridad no sabía a lo que se enfrentaba. No conocía la fuerza ni el tamaño. Pero al momento en que los delincuentes derribaron un helicóptero militar, las cosas simplemente se desbordaron. La falta de información se convirtió en algo patético.

Del mismo modo, queda a la vista que toda la estructura político administrativa de Jalisco está llena de incapacidad y corrupción. Es imposible aceptar que una estructura criminal como la vista el viernes pasado no tenga soportes en muchos sectores oficiales. Y es igualmente imposible de aceptar que nadie en el gobierno local supiera lo que sucedía.

El mismo punto es aplicable a la autoridad federal. ¿Qué es lo que se investiga cuando se trabaja en el combate a la delincuencia organizada? No es aceptable que se diga que todo el problema es federal, pero es también inaceptable que se intente hacer creer que todo es culpa del gobierno local. La incapacidad es un hecho en todos los sectores encargados de la seguridad del país.

El armamento utilizado por los delincuentes deja ver, por si algo hiciera falta, que al país puede entrar lo que sea, en el momento en que se quiera. Si se pueden adquirir armas modernas del tipo que se quiera, es obvio que el gobierno enfrenta muy serios problemas de control de su propia estructura. El contrabando de todo tipo, es una realidad que la autoridad o no puede o no quiere controlar. Y las consecuencias están a la vista.

Pero tal vez el punto más importante y del que nadie quiere saber nada, es el del dinero.

Discursos van y vienen. Ahora tenemos más promesas y habrá seguramente, “resultados” que pongan a la vista, la “eficacia” del gobierno. Pero todo se mantendrá igual que siempre, en espera del nuevo enfrentamiento.

En tanto nadie se decida a “combatir” a la delincuencia en el terreno del dinero, nada cambiará realmente.

¿Quiénes circulan el dinero? ¿Políticos? ¿Empresarios? ¿Ambos? ¿Cómo es que inteligencia financiera de Hacienda no sabe nada? ¿Cómo es que la PGR no encuentra pruebas?

¿No se sabe nada de las ligas de los delincuentes con los hombres del poder? ¿Después de Iguala no quedo claro que había que trabajar en esa línea de investigación?

Jalisco demostró incapacidad e improvisación en la autoridad. Y los discursos, por sonoros que puedan resultar, a nada llevarán. El combate a la delincuencia organizada pasa por la ruta del dinero y las ligas del poder con los criminales Y si no hay nada ahí, es gracias a que todo lo que se hace y dice no es más que un acto publicitario, que deja indemne al “negocio”.


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...






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