PERSPECTIVAS 01.08.16


Por Norberto DE AQUINO

 

Enrique Ochoa decidió iniciar su recorrido por el país para conocer al PRI, de la peor manera posible. Habló de la cuerda, en casa del ahorcado. Y para colmo, hasta eso hizo mal.

El nuevo dirigente nacional priista seleccionó Aguascalientes como punto de arranque de la prometida gira nacional para “encontrarse” con el priismo en base a demostrar que el PRI peleará, hasta el final, el resultado electoral en esa entidad. Esto es, llamó a presionar a las autoridades, en un discurso que, disfrazado de democracia, tiene muy poco de democrático

Y reanudó su ruta discursiva para llamar a combatir la corrupción, con el señalamiento de que la mayor parte de los priistas son honorables y honestos. El 99.9% de los funcionarios públicos lo son, dijo.

Y entonces, lo que aparece es por lógica, la necesidad de entender lo que es honorabilidad y honestidad desde el punto de vista del nuevo líder del PRI. O dicho de otra manera, ¿qué es la corrupción desde la óptica del “nuevo” PRI?

Es entendible que el papel de un dirigente partidista sea el de pelear hasta el final, los resultados electorales. Pero llamar irresponsabilidad la posible ratificación de la victoria del rival, parece un exceso, especialmente cuando se hace en un acto abierto y partidista. Un mitin de campaña, a casi dos meses de la elección, para presionar a la autoridad electoral. O para engañar a los priistas, con la imagen de que se les defiende con todo el peso de su partido. Muy poco democrático en cualquiera de las opciones.

Pero en donde el señor Ochoa se empantana terriblemente, es al momento de entrar de lleno al tema de la corrupción.

Dice que la inmensa mayoría de los priistas es honesta. Pero no explica las causas por las cuales esa imagen sólo existe en su imaginación. Es más, no explica las razones por las que el priismo, y los funcionarios públicos, enfrentan el peso de una creciente imagen de corrupción. Solo dicta una sentencia favorable y espera que todo mundo se someta a ella. Olvida que el fallo de la sociedad es mucho más importante que el suyo.

Habla de que los “otros” en referencia clara a panistas, perredistas y todo aquel que no sea priista, salvo los Verdes que por aliados del PRI quedan a salvo del juicio, para señalar que entre ellos “abunda la corrupción. Pero olvida que, para acreditar al “nuevo PRI” semejante afirmación tendría que estar acompañada de pruebas. Los discursos de “ellos también son corruptos” en muy poco ayudan al PRI.

Del mismo modo, el señor Ochoa habla de la necesidad de establecer una nueva relación entre el PRI y el gobierno. Una “relación moderna”, democrática, en la que el “gobierno rinda cuentas al partido y el partido sea el que lleve al gobierno, las demandas de la sociedad.

En este punto, el “nuevo PRI” demuestra que es muy capaz de utilizar los más viejos recursos del más viejo PRI. La idea del diálogo no es, para nada, nueva. Se podrían recordar muchos ejemplos de ese discurso. Y bastaría con ver un poco del estilo de Carlos Sansores como líder del PRI, para recordar algo de ese historial.

La relación partido gobierno es la misa de siempre, Y el señor Ochoa es producto de ello.

Así, cuando habla de una relación democrática, bastaría con analizar brevemente la forma en que pasó de la CFE al liderazgo nacional priista, para ver que de democracia no hay nada para el priismo.

Impuesto por la voluntad presidencial, Ochoa no llega al PRI a recomponer nada que no sea la estructura que el presidente quiere para imponer, en su momento, a los candidatos del año próximo a los gobiernos del Estado de México, Nayarit y Coahuila, y en el 2018, a la presidencia de la República.

Así, hablar de democracia cuando se ha llegado al poder por la vía más antidemocrática, no parece ser una buena idea. Pelear desde la tribuna partidista provocando reacciones sociales, los resultados electorales no parece democrático. Y hablar de corrupción como un mal de todos, para justificar la propia, parece bastante burdo.

Pero en realidad, no hay sorpresa en nada de esto.

Poco podría esperarse de alguien que como medida de oportunismo político, decidió presentar su 3de3 como líder partidista, pero que se negó a ponerla a la vista como funcionario público.

La democracia y la honestidad sí, pero al servicio de los intereses políticos del momento.

 


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...





También te puede interesar...


Lo más visto...

tiempoyforma