“La Muerte y la Doncella”: Un viaje de conciencia y locura


En la calle de Zamora en la Colonia Condesa, se encuentra el pequeño y enorme Foro Shakespeare. Al llegar, el bar Lorenzo te recibe con un bocadillo de palomitas y una cerveza siempre fría para ponernos a tono. La emoción de la noche de apertura de “La Muerte y la Doncella”, no era opacada por la lluvia del pasado sábado 4 de julio, y la alfombra roja agitaba la expectativa de tan polémica narrativa.

“La Muerte y la Doncella”, obra original del dramaturgo Ariel Dorfman, es famosa por envolver a la audiencia en un conflicto donde dos personajes, intentan convencer a un tercero sobre “la verdad” de un mismo hecho, para que éste tome cartas en el asunto.

Dirigida por la aclamada directora Lorena Maza y protagonizada por Arcelia Ramírez, Arturo Ríos y Daniel Martínez, en una adaptación que ofrece pequeños alivios cómicos donde la audiencia ríe al identificarse con los tropiezos y enredos que todo matrimonio maduro enfrenta día con día, antes de entrar en el profunda colisión de recuerdos, verdades y mentiras de los personajes.

La escenografía simple pero funcional, donde los espacios se dividen por distintos patrones en el piso, son el escenario perfecto para desenvolver lo que resulta en una obra donde las entrañas de la audiencia se ponen a prueba, ya que el conflicto moral que presenta, es en extremo enrevesado tanto para el personaje en discordia como para los espectadores.

El diseño sonoro es una genialidad en donde los sonidos del mar nos anuncian que el tiempo está en nuestra contra y que la locura, muchas veces, puede ser más certera que la cotidianidad dentro de un régimen político. La obra hace alusión a las épocas donde las dictaduras latinoamericanas llegaron a su fin, para abrir paso a lo que sería un gobierno democrático, tan joven, que no siempre sabía distinguir entre derechas e izquierdas. A pesar de lo politizado de la obra, la historia que se presenta es puramente humana, donde sin importar la realidad actual en México, los personajes nos expresan miedo, represión y pasión de la manera más tangible y orgánica.

Arcelia Ramírez, en su papel de Paulina, ofrece una tenacidad tal que eriza la piel y humedece los ojos de cualquier espectador que se encara con una mujer desgarrándose en el escenario, al remover el pasado y pelear por la justicia para así soñar con cielos despejados y paz mental.

Al salir de “La Muerte y la Doncella”, no se puede más que discutir con los demás espectadores para tratar de adivinar qué personaje decía la verdad y si la “locura” en escena es verídica o un trampa, como en la vida, donde lo incómodo o lo inconveniente lo tachamos de “loco”. 


Autor: Tamara Argamasilla

Escritora de tiempo completo y freelance Script Supervisor en set. Tiene un background en cine y televisión y una maestría en guión de Goldsmiths University ...






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