¿La corrupción es cultural?


Las historias no son nuevas. A finales de 2012, Pemex demandó a Siemens en relación a un presunto soborno realizado por la empresa alemana para poderse llevar un contrato de dos mil 460 millones de pesos. La demanda viene como consecuencia de un laudo arbitral, en virtud del cual, Pemex se vería obligada a cumplir el pago de algunos “gastos no recuperables” que habrían incluido palos de golf de más de 17 mil dólares, así como servicios de masaje. No era la primera vez que ocurría algo así: en 2008, la misma empresa pagó más de mil 600 millones de pesos por concepto de multas y sanciones, tras haberse descubierto su involucramiento en casos de corrupción en todo el mundo, incluyendo, de nuevo, a México.

La corrupción está en todos lados. No sólo en cuestiones de energía, sino que también hace la compra. Walmart, también hace unos cuantos años, fue descubierta por The New York Times como responsable de casos flagrantes de corrupción, y en específico en 19 de sus tiendas en nuestro país.

El posicionamiento lo es todo, y por lo visto algunos banqueros lo saben de sobra. HSBC, al menos, lo tenía muy claro cuando se convirtió en “El lugar para lavar dinero”. El reporte final de la investigación, tras haberse descubierto la operación ilegal, arrojaba más luz sobre el involucramiento de funcionarios bancarios con los principales cárteles de la droga, así como las operaciones sospechosas relacionadas con cheques de viajero y el resquemor que afloraba ante la solicitud de cancelación de cuentas dudosas. El blanqueo era algo tan habitual que, a decir de las autoridades norteamericanas, los delincuentes llegaban a las sucursales a depositar cientos de miles de dólares en efectivo, utilizando unas cajas especiales y diseñadas para caber exactamente en la ventana de los cajeros.

La corrupción no siempre es grave. O eso podría interpretarse después de que el ex director de Operaciones de CFE fue aprehendido, hace unos años, y puesto en libertad al día siguiente porque el delito de enriquecimiento ilícito por el que sería consignado no era considerado grave. Casi dos millones de dólares a la bolsa del funcionario, pero 81 al primer renglón del estado de resultados de la empresa suiza ABB, que había repetido el esquema en Iraq.

Historias, hay muchas. Y ninguna es nueva, o ni siquiera un poco original. Todos nos hemos dado cuenta de que los mexicanos, en cuanto estamos en el extranjero, nos comportamos distinto. Somos más ordenados, respetamos las leyes, somos más civilizados. Sin embargo, parece que cuando los extranjeros vienen a México son más proclives a la corrupción. La corrupción no es cultural, pero el marco legal con el que contamos fomenta que la corrupción florezca. Y ése sí se puede cambiar. ¿Por qué no hacemos algo al respecto?

FUENTE: Dinero en imagen 






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