PERSPECTIVAS 22.04.16


Por Norberto DE AQUINO

 

La estrategia oficial nada tenía de complicada. Se desacreditaba al GIEI, se daba por terminada su labor en México y el tema de los derechos humanos pasaría a segundo nivel y bajo control absoluto del gobierno. Todo quedaba reducido a una cuestión de tiempo. Terminado abril, el reto habría terminado.

Se sabía, como seguramente será, que los expertos del GIEI lanzarían el domingo próximo, en su informe final, una crítica fuerte. Pero el descrédito en el que se les había querido sumir, algo tendría que dejar y con algunas dudas, sería suficiente para marchar rumbo al objetivo final que no sería otro, que el “cerrar” de manera definitiva, el caso Iguala.

Los cálculos sin embargo, no resultaron como se esperaba. La tormenta que se quería dejar atrás no sólo no amainó, sino que alcanzó niveles muy serios. El video de la mujer torturada por soldados y policías federales  derribó todos los cálculos del gobierno. Y todas las esperanzas.

De repente, un video que se realizó en febrero del año pasado y del que nadie tuvo noticias hasta diciembre último, se convirtió en un golpe definitivo en contra del gobierno. Todos los discursos hechos para acreditar, o tratar de hacerlo, la convicción oficial en favor de los derechos humanos. Y todas las confrontaciones con organismos internacionales pasaron a formar parte del ridículo. La caída total.

La ONU, la CIDH, Amnistía Internacional, el GIEI y partidos y políticos en el extranjero revivieron las quejas y dudas sobre México. La crisis de derechos humanos fue más que evidente.

Y el cambio de estrategia se aceleró. Ya no se quería queso, sino salir de la ratonera. Y fue así que se tomaron “medidas drásticas”. Y de nueva cuenta tocó al ejército aceptar la parte más incómoda del ajuste.

El titular de la SEDENA presentó una sentida disculpa por lo hecho por los soldados. Dos días más tarde, tocó el turno a la policía federal. Disculpas y evidencias entregadas con enormes sacrificios, que mostraban que la tortura es un problema que va mucho más allá de los “hechos aislados”.

La Secretaría de Gobernación, la misma que en su momento rechazó cualquier hecho que pudiera hacer suponer que en México se practicaba la tortura, tuvo que reconocer la existencia del hecho, por más que se negó a aceptar lo generalizado del caso.

Pero el problema para México es que se reaccionó ante la presión. No es una demostración de voluntad de cambio, sino de necesidad política del gobierno para no perder totalmente, la presencia internacional que tanto necesita en momentos en los que, por ejemplo, se negocian apoyos e inversiones para rescatar a PEMEX.

Entonces lo que aparece es la fragilidad de la administración peñista.

La ONU que recibió insultos y descalificaciones cuando habló de la tortura como algo que en México se realizaba en todos los niveles, repitió la dosis. El dictamen presentado hace poco más de un año, es totalmente valido. Y las disculpas “no son suficientes” dijo el organismo internacional.

La CIDH espera su turno. Pero es obvio que este domingo, los expertos del GIEI hará hincapié en todos los escollos que se levantaron para no llegar al fondo del caso Iguala.

El Departamento de Estado estadounidense fue simplemente despiadado en su informe sobre derechos humanos en el que habla de la corrupción, impunidad e incapacidad de las fuerzas de seguridad en nuestro país.

Amnistía Internacional reconoce el valor de las disculpas, pero recalca que no son suficientes, ya que lo que urge es el cambio en el comportamiento y que para ello son necesarias muchas cosas más.

Y Por si todo lo anterior, Hillary Clinton, con la importante y estratégica victoria en Nueva York en las primarias de Estados Unidos, habló de la angustia de los padres de los normalistas.

La señora Clinton que se perfila como la próxima titular del Ejecutivo estadounidense fue mucho más allá en su comentario al destacar que “si formara parte del gobierno mexicano, no descansaría hasta encontrar a los normalistas”.

Ahora, no sólo se puede ver el enorme fracaso de la política oficial en el terreno de los derechos humanos, sino que se adivina en el horizonte una creciente presión sobre el gobierno mexicano en el tema en general y sobre Iguala en lo particular.

Y no debe olvidarse que la señora Clinton tiene fama y no precisamente por ser una política “suavecita” 


Autor: Norberto de Aquino

Especialista en política nacional con amplia experiencia profesional en áreas de publicación y asesorías a nivel presidencial. Vasto conocimiento de relacio...