5 situaciones en las que los hombres sabrosean a las mujeres


Estoy segura de que todas las mujeres que viven en esta ciudad han sido víctimas del sabroseo en la calle. ¿Qué pedo con los hombres? ¿Por qué creen que tienen el derecho de hacerlo? Ya sea reproduciendo algún sonido como si se estuvieran viniendo, diciéndote ‘sabrosa’, ‘chiquita’ o cualquier adjetivo parecido, o bien, pasando frente de ti y viéndote las chichis… ¡y ni se diga cuando traes falda y te ven las piernas como si tuvieras una nariz creciendo en tus muslos! ¿Acaso cuando eran chicos sus mamás les habrán dicho: “Mira, mijito, cada vez que veas unas chichis, pompas o piernas, no te contengas, expresa lo que sientes porque para un mujer es bien chingón. Seguramente así conquistarás a una”? Aquí, cinco casos de la vida real en los que las mujeres hemos sido sabroseadas.

1. Muchas han de ser víctimas de una historia como esta, y es que pasar por una gasolinera o una construcción es como aventarle carne fresca a unos leones hambrientos: en cuanto se dan cuenta de tu presencia, se empiezan a avisar entre ellos, tienen una especie de señal. Neta dejan de hacer lo que están haciendo y empiezan a decirse cosas tipo: “Mira, mira”, “¡Hey! Cht, cht, ¿ya viste?”, “Holaaa, holaaa”.

¿QUÉ PEDO, GÜEY? ¿CUÁL ES SU PROBLEMA? Juro que nunca nadie se ha volteado y les ha dicho: “WOW, qué chingón eres, vamos a coger, por favor. O te paso mi teléfono y nos vemos al rato”. PETARDOS.

2. Tengo una amiga que iba muy fresca caminando por la calle cuando un güey se asomó por la ventana del camión y literalmente le LADRÓ. Sí, así como lo leen, ladró como un perro.

3. Esta historia tiene un poco más de violación. La amiga de una amiga estaba parada afuera de una tienda en un centro comercial y llevaba puesto un vestido, cuando se dejó venir el desgraciado y le metió en chinga el celular entre las piernas, tomó una foto y se fue corriendo. Ella no supo si reírse, llorar o quitarse la vida.

4. Una de mis amigas utiliza muy seguido el metrobús y dice que no falta el pervertido que disfruta el amontonamiento para poder embarrarse en tus pompas. Gracias a Dios, cuando le sucedió a ella, se percató de lo que estaba pasando porque la mujer de al lado le avisó. El pobre tenia un penecito y más bien era como si un lapicero la estuviera rozando. :(

5. La última y la peor que me ha tocado vivir hasta el día de hoy. Estaba esperando para cruzar la calle cuando pasó un camión de esos que traen cascajo, el desgraciado se salió por la ventana y me gritó: “¡Quiero probar de tu tamal!” (les juro que no traía leggings). Para su mala suerte, se quedó atravesado a la mitad del paso peatonal, justo frente a mí. En cuestión de 3 segundos me convertí en una especie de mujer de barrios bajos, lesbiana con un toque de rapera, y le dije: “Órale, puto, bájate, vamos y le probamos juntos el tamal pero a tu mamá, cabrón”. Al final, incline la pelvis hacia adelante e hice el sonidito ese del beso. No me dijo nada, sólo avanzó el camión y yo seguí mi camino bien digna (aunque me temblaban las piernitas).


Autor: Púrpura

Una revista para mujeres que están buscando más que sólo verse bien, a las que les interesa el mundo y cómo desarrollarse profesionalmente. Nos dedicamos a ...





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